Capítulo 5: Las tres manías de Darong

Después de que Darong llegase a mi casa, miré anuncios por si alguien le buscaba, pero todo estaba tranquilo. Encendí la televisión para mirar las noticias, pero no dijeron nada.
-¿Eh? ¡Darong!
Salí para buscar trabajo y descubrir varias cosas sobre Darong. Cuando estaba a treinta metros, empecé a correr. Darong era un genio y muy inteligente. Cuando salía, sabía instintivamente cuándo iba a volver y me esperaba fuera. El problema es que tenía unas cuantas moscas pegadas a su alrededor. Habían pasado diez días desde que llegó a mi casa, le había estudiado a fondo, pero este era el peor de los problemas.
-Oh, oppa[1]. ¿Quién es?
-¡Nuestro oppa es tan callado y guay!
Sólo se le acercaban las moscas más sucias. Cuando le llamé y corrí hasta él, la chiquilla me miró como si fuera una perra.
Que te jodan, ¿crees que me vas a asustar sólo con eso?
-Hey, Rong, vamos.
Delante de la gente no podía llamarle Darong, así que se lo abreviaba como Rong. Por suerte, aquel día Darong había traído a Ahrong con él. Ignoré a la chica, a pesar de lo mucho que destacaba con su top y su mini falda, su pelo rizado y su maquillaje doble. Yo misma había intentado maquillarme así, pero ni en seis años lo había conseguido.
-¡Oppa! No te vayas con esa zorra, vente conmigo.
Creo que demasiada gente le va detrás.
A veces, cuando le sacaba a pasear todas las ajummas[2] le amaban. Lo sabía… Los que son mezcla son más populares que los de pura raza. Ah. Era humano. Aquellos días me los pasé tratándole como a un animal. Si a alguien le quedaba bien el chándal, ese era Darong. En mi vida había visto a alguien tan atractivo. La gente siempre le miraba por su altura y su rostro, era el centro de atención.
-Perdona.
-¿Qué?
-¿Le conoces?
-No.
-¿Te le has acercado sabiendo a quién le pertenece?
-Ajumma, ¿vives con él? Te lo voy a quitar porque me gusta.
Mira a esta zorrita. Es mucho más joven que yo, ¿y me habla informalmente[3]? Me estás minando la moral. Me debe estar menospreciando por mi apariencia inocente. Ja. Te has metido con quien no debías.
-Hey, niñata. ¿Sabes quién soy? ¿Cómo te atreves a hablarme así? Mira, zorra, he comido más de cien comidas más que tú.  ¿Vas por ahí con esas pintas de delincuente e incluso tienes los cojones de venir a mi casa a intentar seducir a mi hombre? Serás perra. Date un paseo, anda.
-¿Qu-? ¿Qu-…? ¡¿Qué coño?!
-¡Joder! Tengo unas ganas locas de partirte la cara, pero seguro que eres la hijita querida de alguien. ¿Quieres jugar con este bastardo? ¡Hey! ¿Con quién quieres ir? Si quieres irte con esa perra, adelante, si no, vente conmigo.
Miré a la chavala una vez más y caminé hacia el ascensor.
-¿Eh? ¡Oppa! ¡No vivas con esa loca! ¡Vente a vivir conmigo!
Por supuesto, era imposible que Darong me abandonase. Me seguía obedientemente. Me cogió de la manga.
Bien, mi mascota es demasiado atractiva. Parece que se ha encontrado con ella unas cuantas veces mientras no estaba… ¿Su encanto es ser tan callado? No tienes ni idea, niñata. Pienso cortar todos los lazos que tengáis. Es una de las habilidades especiales que he aprendido viviendo con él.
-¿Darong? Si vuelves a hacer lo que has hecho hoy, te daré el doble de comida.-Sus ojos negros brillaban. Se le daba muy bien entender a la gente y su instinto de supervivencia era muy fuerte. Por comida lo hacía todo, excepto morir. Sonreí y le dije.- ¿Te acuerdas de lo que te enseñé ayer? ¡Sí! Enseñar el dedo. Házselo a ella mientras la miras a los ojos.-Me subí en el ascensor y antes de que la puerta se cerrase, él se lo hizo a la zorra aquella.
-Que te jodan.
La delincuente se quedó de piedra de inmediato y la puerta del ascensor se cerró.

*        *        *        *        *

-De verdad… Nunca había visto decir eso y dar tanto miedo. Me pregunto quién eras.
Después de vivir con él diez días le empecé a conocer un poco. Había intentado llevarle al hospital muchas veces pero no lo conseguí ni una sola vez. Nunca había visto una reacción tan abusiva. Lo único que pude hacer fue ir yo misma y hablar con el doctor. Después de eso, por fin comprendí por qué se comportaba así. Lo que me dijo el doctor es que seguramente tenía amnesia. Creía que había perdido parcialmente los recuerdos, pero el doctor aseguró que había perdido todos los recuerdos desde que nació. Por lo que le pregunté:
-Entonces, ¿por qué se parece a un gato, a un perro y a un conejo?
A lo que el doctor me contestó:
-Estaba con ellos cuando perdió la memoria, creo que se cree que es igual que ellos y por eso se comporta así. Como los tres tienen caracteres distintos él los ha interiorizado.
-Lo más curioso es que no dice nada, entonces, ¿cómo es que sabe decir: comida?
La respuesta del doctor fue muy simple: sentido de supervivencia. Sólo por eso. La única forma de comer era decir: “comida” y así lo aprendió. Cuando volví del hospital, entré en pánico. No sabía de donde lo aprendió, pero me dijo:
-Hey.
Sí, esa palabra. Me dijo eso. Creí que ya podía hablar pero siguió repitiéndola.
-Hey, hey, hey.
Su “hey” no era para llamarme, sino porque estaba aburrido. Aquel absurdo día vi un rayo de esperanza. Podría convertir a este tío en un humano, así que empezamos a mirar series. Recordé cierta serie sobre mafiosos. Mientras la mirábamos, él frunció el ceño y dijo:
-Joder.
Los mafiosos aparecieron e hicieron varias cosas graciosas, cuando él les vio hacer aquello, su reacción fue extraña. Después de eso, no le volví a ver decir ninguna palabra nueva, sólo esas tres: comida, hey y joder.
No estoy segura de si sabe lo que significan… Aún nos queda camino.

*        *        *        *        *

El ascensor se había detenido en la segunda planta volvió a cerrar las puertas. Salí de mi propio mundo y le miré y adiviné por qué había dicho tales palabras.
-Ven aquí.
Un hombre entró en el ascensor en el que estábamos Darong y yo. Llevaba un traje negro, era calvo y tenía un bigote bajo la nariz. Se parecía mucho al mafioso de la serie que había visto unos días antes.
-Mmm…
Cuando aparté a Darong y deseé que ya estuviéramos en la décimo séptima planta, aquel sospechoso hombre hizo un sonido extraño y le miré inconscientemente.
-¡Ay!
Justo cuando tuvimos contacto visual, aquel hombre apretó el botón de parada.
¡¿Q-Qué?!
Estaba tan sorprendida que puse la cara que siempre tenía Yurong.
-Ah... Ah… ¿S-Señor?
-Jeje…
Una risa horripilante. Mi corazón empezó a latir muy rápido. Estabamos en un ascensor muy pequeño. Intenté echarme a una esquina, pero aquel hombre pulpo se me acercaba cada vez más.
¡N-No te me acerques!
-¡Ah!
Me cogió por el hombro. Mi cuerpo se petrificó y mis piernas perdieron la fuerza. Me deslicé por la pared. Sentía el aliento del hombre pulpo en la mejilla.
-¡He-Hey!
-¡No te muevas!
¡Mamá y papá en el cielo! ¡Salvad a vuestra hija! ¿Voy a perder la virginidad con este pervertido? ¡Preferiría perderla con Darong! ¡Oh, sí, Dargong!
Estaba en el suelo y aquel hombre se me echó encima. La única persona que podía ayudarme era Darong.
-¡Sálvame!
Le mostré una expresión desesperada a Darong. Darong… simplemente observaba mi angustia ausentemente.
¡Bastardo! ¡Van a violar a tu dueña! Ya veo… No tiene ninguna intención de salvarme… Me ha engañado… Que alguien me ayude… Pero no hay nadie…
Estaba aterrorizada.
-¡Hijo de puta! ¡Suéltame! ¡Suéltame!
Me resistí con tanta fuerza que el hombre pulpo me abofeteó en la cara. Jamás me habría imaginado que un pervertido me atacaría en un ascensor. No había llorado desde hacía muchos años, pero en esos momentos mis lágrimas brotaron de mis ojos.
-Cállate y estate quieta, sino… te mataré. Ese mocoso ya sabe que está pasando, por eso está callado.
Dejé de resistirme y empecé a gritar. Creo que él también presintió un poco de peligro, por lo que sacó su daga.
¿Crees… Crees que eso hará que deje de llorar? ¡Salvame! ¿Crees que he estado atesorando mi virginidad para dársela a alguien como él?
Ya no me importaba mi apariencia y mi rostro estaba cubierto de lágrimas y mocos. Al final, grité bien fuerte.
-¡Darong, sálvame!-Sollocé.
Y entonces mi cuerpo se volvió más ligero.
-¡Ay! ¡Tú…! ¡Hijo de puta!
Me levanté de inmediato. Lo que pasaba delante de mis ojos era que Darong pateaba la cabeza de aquel hombre pulpo. Le dio tan directamente que al gilipollas ese le sangraba la nariz por los dos agujeros. El pervertido entró en pánico por el súbito ataque, se levantó y cogió el cuchillo del suelo.
-¡Hijo de puta, te voy a matar!-Gritó.
-¡Ah!
El pervertido iba directo a Darong, justo entonces, grité.
-¡Darong!
No había tiempo para quedarse gritando.
Da…Darong… Darong…
Me quité las manos que me cubrían la cara y abrí los ojos.
-¡Ay! ¡Uh!
El cuchillo estaba clavado en el ascensor y Darong había pegado al pervertido.
¿Q-Qué ha… pasado?
Me levanté a duras penas. Sin expresión, sin expresión alguna… Él no dejó de patear al pervertido. Al principio el pervertido gritaba, pero ahora estaba callado y su rostro era irreconocible por la sangre.
-¡Para! ¡Para!
Si lo dejaba iba a pasar algo malo. El pervertido se había desmayado, tenía la cara ensangrentada y tenía convulsiones. Darong paró cuando le abracé por la espalda y grité.
-Da… Darong…
¡Temo por ti! Eres una mascota, ¿cómo puedes darme estos sustos?
Él me miró lentamente. En su expresión había algo… Algo le confundía muchísimo. Había algo… No eran sus ojos. Levantó la mano y me secó las lágrimas de la cara.
¿Ya… has vuelto en ti…?
¿Eso desencadenó algo en su mente? Sus ojos eran muy profundos. De alguna manera, parecía que en cualquier momento rompería a llorar… Su cara estaba llena de algo. Al principio me secó las lágrimas con una mano y entonces, me sostuvo el rostro con ambas manos.
Me quedé quieta porque tenía su cara justo delante de la mía. ¿Había recordado algo? Era la misma escena de una serie en la que el protagonista le secaba las lágrimas a la protagonista con los labios. Mi corazón empezó a latir como loco, iba a salírseme del pecho. Durante mucho rato, Darong me fue secando las lágrimas con los labios, levantó la cabeza con lentitud – no estoy segura de si me equivoco – pero volvía a ser él mismo. Una cara de póker. Y abrió la boca.
-Comida.
-¿Eh…?
-Comida.
La palabra que salió de la cara de póker de Darong era una de las tres que sabía, la primera: comida. Cuando escuché eso perdí toda mi fuerza y tensión, y maldije a mi corazón por latir tan fuerte. Pensaba que había vuelto en sí, pensaba que iba a tener a un chico guapo. ¿Comida? ¿Comida? ¿Tanta hambre tenías que te bebiste mis lágrimas? ¡Bastardo!
Me enfadé. Presioné el botón para reactivar el ascensor. Al poco tiempo llegamos a mi planta, eché un vistazo al pervertido y grité:
-¡Hijo de perra! ¡Muérete!
Le di una patada y me marché. Estaba a punto de abrir la puerta con la llave, pero Darong seguía en el ascensor, mirándome. Me hizo sentir mal. Me había salvado pero ni siquiera se lo había agradecido, simplemente le puse mala cara.
-Darong, si no vienes no te daré de comer.
No lo dije en voz alta, sin embargo, el muy animal salió del ascensor al instante. Cuando entré en casa le dije:
-Hoy has usado mucha energía, te daré el doble.
Le brillaban los ojos y aquel día decidí tratarle bien. Mejor tener un guardaespaldas que una mascota.
Suena bien. ¡Jajaja!

*        *        *        *        *
-¿Eh? ¡Hey! ¡Esa comida es mía!
Como tenía que comer, comí con él, pero ese bastardo se había terminado su propia comida y se estaba comiendo la mía. No había hecho más arroz así que ese era ¡el último tazón! Corrí hacia él pero cuando llegué mi tazón… ya estaba vacío.
-¡Maldita sea! ¡Bastardo! ¡¿Tienes un agujero negro por estómago?!
Quería pegarle, pero temía que me arrestasen por abuso animal. En realidad… Le tenía miedo. Todavía recordaba lo que le había hecho a ese pervertido del ascensor. Era la primera vez que veía a alguien pegar a otra persona sin expresión en su cara.
-Ham…bre…
Ni siquiera tenía fuerzas para enfadarme. El vagabundo que tenía dentro de su estómago se mudó al mío y empezó a suplicar comida. Yo miraba la mesa vacía distraídamente.
-Tendría que haber comprado algo más… Lo he ido dejando de lado… Ah.
Sólo me quedaba volver a hacerme arroz, pero el problema era el segundo plato. Como él había peleado, literalmente, limpió la mesa. Lo único que quedaba era la salsa de kimchi. Abrí la nevera.
-Algo para comer… Algo para comer…
No había frutas, ni huevos.
Veo un pedazo de pan… Eso lo compré hace un mes, ¿no?
El pan estaba mohoso, ni siquiera quedaba más kimchi. Las lágrimas empezaban a aparecer en mis ojos. No había comida para comer. Lo único que tenía era mayonesa y kétchup, unas pocas botellas de agua, cerveza y soju. Como aperitivo para las bebidas había comprado calamar y… ¿eh?
-¡Salchicha!
Se me iluminó la mirada. Estaba a punto de morder el calamar cuando encontré otra cosa. La última vez que fui a un supermercado para comprar papel de váter me regalaron salchichas de niños. En aquel momento no quise comérmelas así que las dejé en la nevera.
-¡Genial! ¡Salchichas!
Un paquete entero de salchichas. Últimamente hacían muchos anuncios. No era pequeñas. Sonreí feliz.
-¡Genial!
Abrí la boca para cómeme una de las salchichas.
-¿Eh?
Delante de mis ojos, de repente, la carne desapareció. Más de la mitad no estaba. Miré a Darong, pensando que estaba mirando la televisión, pero masticaba algo.
-Da… ¿Darong…?
Contuve mi enfado y le llamé bien. Ya bien me escuchase o no, me quitó la salchicha y se la metió en la boca.
-¡Bastardo irrespetuoso!
Me levanté y le chillé, él se sorprendió al escuchar mis gritos.
-¿Estás bien?
Creo que se está ahogando.
Le palmeé la espalda y comprobé su condición. Mata a tus enemigos con amabilidad.
-Bueno.
-¿Bueno?
Le daba palmaditas en la espalda y le miraba toser, pero ese sonido…
-¡Hijo de puta…!
Tenía que mostrarle mi enfado. Mientras alguien se preocupaba por él, este maldito bastardo había cogido otra salchicha y se la estaba comiendo. Ciertamente, tenía una buena habilidad para aprender.
Espera, claro. Es humano.
Al principio le miraba porque estaba enfadada, pero luego se me ocurrió algo de repente.
-Darong, ¿te gusta la salchicha?
Sus ojos brillaban. Eso significaba que sí.
-¡Darong, la pata!
Aparté el plato y le enseñé una salchicha. Le di mi mano y grité: “la pata”. Él me miró durante un instante y entonces, me puso la mano encima de la mía.
¿Tanto le gusta?
No estaba segura, pero me obedecía. Pensé que si estaba bien tratar a un humano como a un perro… Quería intentarlo. Girarse, buscar la pelota… Cuando Yurong se hiciera mayor se lo enseñaría a él.
-Que te gusta más, ¿esta salchicha o yo?
Por supuesto iba a ser yo, confiaba en él. Él no dudó en escoger.
-Que te jodan.
Sí, Darong escogió la salchicha por supuesto. Me la quitó y la escondió en su sitio. Aquella noche, tuve que aguantarme el hambre con una única salchicha y una botella de agua, y mientras yo intentaba dormirme sentía que podía escuchar a Darong comiéndose las salchichas que había escondido.


[1] Oppa: término con el que las chicas llaman a sus hermanos mayores y a sus parejas.
[2] Ajumma: Señora adulta.
[3] En Corea, hablar a alguien mayor que tú, de rango superior o poco familiar de manera informal es de los mayores insultos.

Title: Capítulo 5: Las tres manías de Darong
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Writed by Nana L15R1