Capítulo 4: Este mundo agusanado

Kousaka se puso los guantes, se reclinó en su sillón y abrió una revista. Tal y como cabía esperar, era una revista científica sobre parásitos. La portada decía: “El diario de la parasitología”, y todo el contenido estaba en inglés. A Kousaka le impresionaba que pudiese leer un inglés tan complejo como ese a su edad. Hojeando, encontró una página con una marca. Un artículo de Norman R. Stoll, titulado: “Este mundo agusanado”. Kousaka no estaba seguro de la traducción. ¿Quería decir que era un mundo lleno de gusanos? ¿Un mundo como un gusano? No, no podía olvidar que se trataba de un artículo sobre parasitología, así que, tal vez, “este mundo rebosante de parásitos” fuera la más correcta.
El sonido de la ducha cesó y unos cinco minutos más tarde, Sanagi apareció, en pijama. Al verla con una toalla negra sobre la cabeza, Kousaka murmuró un: “eh” algo sorprendido.
-¿Qué pasa?-Preguntó Sanagi.
-Ah, no es nada… Sólo que he pensado que cuando llevas el pelo cubierto así, pareces una chica normal.
Los ojos de Sanagi parpadearon y señaló su cabeza.
-Oh, ¿esto? Discúlpame por no ser una chica normal.
-No digo que tu pelo esté mal ni nada. Sólo que ha sido innovador ver cómo sería de negro.
-Supongo que te gustan las chicas morenas, de piel blanca, educadas y sin piercings, eh, señor Kousaka.-Dijo Sanagi maliciosamente, sentándose con las piernas cruzadas en la cama.
-Yo no he dicho eso.
-Entonces, ¿cómo explicas todas estas cosas en tu ordenador?
-¿Qué quieres decir…?
-Es broma. Sólo quería molestarte.
-No puedes gastar bromas tan mal gusto.-Kousaka suspiró y se echó atrás.
Sanagi notó lo que tenía en las manos entonces y puso los ojos como platos.
-Hey, esa revista es…
-Sí.-Él había olvidado la revista por completo hasta que ella la señaló.-Perdona, siempre tengo curiosidad por saber qué lees. ¿Está mal que la haya tocado?
-No, no, pero… ¿Qué piensas de ello?
-Es un poco difícil para mí. ¿Se te da bien el inglés, Sanagi?
-Nah, no saco muy buenas notas.
-¿Pero puedes leer artículos académicos?
-Sólo de este campo. Todos tienen una composición similar, así que me he acostumbrado.
-Eso es mucho. Me gustaría decírselo a cierto vago de la universidad.-Entonces, Kousaka volvió a la pregunta que había tenido antes.-Por cierto, ¿cómo se traduce esto?
Sanagi se levantó y se puso detrás de Kousaka, mirando la parte que él señalaba por encima de su hombro. El dulce aroma a champú le hormigueó la nariz. Estaba a una distancia que normalmente le haría retroceder, pero como se acababa de duchar, no pasaba nada.
-¿Eres adulto y no sabes algo tan simple?-Dijo Sanagi para molestarle.
-Los adultos no son las criaturas fantásticas que tú te crees.-Replicó Kousaka.-¿Qué significa?
-Creo que en un libro que me leí ponía: “un mundo lleno de insectos”.-Musitó Sanagi, como rebuscando en sus recuerdos.-Norman Stoll lo usaba a menudo en 1947 para describir al mundo como un lugar donde las enfermedades parasitarias no tenían freno.
-Es una frase horrible.-Kousaka frunció el ceño.
-La situación continuó incluso durante más de década y media más tarde. La gente del mundo tiene muchos tipos de parásitos en el cuerpo y Japón no es ninguna excepción. Es cierto que hay enfermedades parasitarias muy conocidas como las lombrices, la esquistosomiasis y la malaria que han desaparecido, pero en muchos sitios de nuestro cuerpo hay parásitos al acecho, esperando la oportunidad para poder infectarnos. O tal vez, ya lo han hecho, pero la persona en cuestión no se da cuenta.
Kousaka suspiró.
-Parece que la mente de un loco de la limpieza no descansa nunca.
-Por desgracia.
Sanagi dijo que se iba a secar el pelo y se marchó del comedor.
Desde aquel día en el que se contaron sus trastornos, Sanagi empezó a darse duchas antes de entrar al comedor. Kousaka dijo que no tenía por qué ser tan considerada, pero Sanagi le contestó: “es mi privilegio, ¿no?”. Cuando terminaba de lavarse, se ponía un cambio de ropa nuevo que traía, entraba en el comedor, se tumbaba en la cama y leía y hablaba con Kousaka si le apetecía.
Cuando regresó del baño, parecía que Sanagi seguía queriendo hablar, así que en vez de tumbarse en la cama, se sentó enfrente de Kousaka. Entonces, Kousaka le preguntó:
-Parece que siempre lees sobre parásitos. ¿Qué te cautiva tanto de ellos?
-Te lo cuento si quieres, pero podrías desmayarte o sentirte enfermo, ¿vale, señor Kousaka?
-Si lo escucho en esta habitación creo que no me pasará nada.
-Veamos…-Sanagi se puso la mano en la barbilla y preguntó.-Señor Kousaka, ¿has oído hablar del Diplozzon paradoxum?
Cuando Kousaka negó con la cabeza, Sanagi empezó a explicarle la ecología de ese parásito. Su copulación vitalicia, su apariencia que se asemejaba a una mariposa, su amor destinado a primera vista, su amor ciego; eran unos gusanos guisantes de la misma vaina. Tras haber estado hablando un rato, Sanagi se percató, de repente, de lo habladora que estaba siendo y su rostro enrojeció, pero Kousaka dijo: “sigue hablando”, y continuó un poco más.
-Este pendiente.-Sanagi se separó el pelo para enseñárselo a Kousaka.-sigue su modelo.
-Pues a mí me parecía una flor azul. ¿O sea, que hay un parásito con esa forma?
-Sí. Se llama Kudoa septempuncata, pertenece a los myxozoa.  Estos parasitos usan a los anélidos y a los peces como hogares alternativos, y cada uno de sus poros tiene de seis a siete estructuras en forma de flor que se llaman: “cápsulas polares”, así que desde arriba parecen flores. El llavero en forma de D.paradoxum está un poco exagerado, pero si lo pintases de azul sería igual a al pendiente. Búscalo.
Tal como le dijo, Kousaka buscó una imagen del “kudoa septempunctata” con el móvil, y en efecto, aparecieron muchas fotos de organismos diminutos bajo un microscopio idénticos al pendiente de Sanagi.
-Es una imagen viva, ¿a qué sí?
-Me sorprende que un parásito sea tan bonito.
-Bueno, causa intoxicación alimenticia, así que es peligroso para los humanos.
Kousaka bajó el móvil.
-¿Hay más parásitos interesantes como este?
-Mmm… Bueno, vamos a cambiar el rumbo para el siguiente.-Sanagi cruzó los brazos y pensó un momento.-Como eres un loco de la limpieza, aunque no estudies los parásitos, seguro que conoces al toxoplasma gondii[1].
-Sí, claro.-Por fin un nombre que reconocía.-Son los parásitos que los gatos les transmiten a los humanos, ¿no?
Sanagi asintió.
-Sí. Son famosos por causar la toxoplasmosis.[2] Sus huéspedes definitivos son los gatos, pero pueden infectar a la mayoría de animales de sangre caliente, lo que por supuesto, incluye a las personas.
-¿Huésped definitivo?-Preguntó Kousaka, una palabra desconocida había aparecido con rápidez.
-El “huésped” es la destinación definitiva del parásito.-Explicó Sanagi en términos laicos.
Algunos tipos de parásitos infectan a sus huéspedes en varias puntos de su crecimiento. Por ejemplo, los anisakis[3], unos nematodos que causan la anisakiasis[4], primero se incuban en el agua, entonces los crustáceos – tales como los krill –. Evitan la digestión y sobreviven en sus cuerpos hasta llegar al estado tres, la larva. Después, un pez que esté más arriba en la cadena alimenticia se come al crustáceo, y el anisakis sigue madurando dentro del cuerpo del pescado. Luego, al pez se lo come una ballena y el anisakis puede pasar a la cuarta parte como larva y convertirse en adulto dentro del intestino de la ballena. Los huevos que pone el parásito adulto se mezclan con los excrementos de la ballena y se lazan al agua. Ese es el ciclo de vida del anisakis. En su caso, el crustáceo es el “primer huésped intermediario”, el pez el “segundo huésped intermediario”, y la ballena el “huésped definitivo”. Un huésped definitivo es la destinación final de un parásito. Si no consigue infectar a su huésped definitivo, entonces, no se puede reproducir.
-Bueno, volviendo al tema. ¿Cuántos infectados por el toxoplasma crees que hay en el mundo?-Preguntó Sanagi.
-Dices que pueden infectar a la mayoría de animales de sangre caliente, así que estoy seguro de que es un número bastante grande. ¿Unos cuantos millones?
-Más de la tercera parte de la población.-Dijo Sanagi rápidamente.-Unos cuantos billones de personas.
Los ojos de Kousaka se abrieron como platos.
-¿Tnatos?
-Si lo restringimos sólo a Japón, creo que la proporción es un poco más pequeña. Tal vez un diez o veinte por ciento como mucho.
-De todas formas, sigue siendo mucho… Pero, por otra parte, esa es una prueba de que el toxoplasma es inofensivo para los humanos, ¿no? Sino habría un caos.
-Sí. Si infecta a gente sana no pasa nada; hasta ahora se considera inofensivo para cualquiera excepto mujeres embarazadas e ineficiencia inmunológica. Pero últimamente, se ha estado hablando de la posibilidad de que alteren las acciones y las personalidades de la gente.-Sanagi se tocó la frente.- Se está haciendo una investigación sobre los efectos dándole toxoplasma gondii a un huésped. Las ratas machos infectadas dejaron de temerle a los gatos, sus depredadores. Aparentemente, el toxoplasma controla a la rata, usándola como huésped intermediario, para facilitar que su huésped final se la coma, el gato.
-¿Controla al huésped?-La voz del Kousaka se quebró por el horror.
¿No es lo mismo que pasa en el libro amos de títeres,[5] de Heinlein[6]?
-Cuando diseccionaron a la rata infectada, el área alrededor del sistema cerebral límbico tenía un gran número de quistes. Y cuando analizaron el ADN del tooplasma gondii, hallaron la presencia de genes relacionados con la creación de dopamina[7]. No me conozco el mecanismo exacto, pero parece ser que el toxoplasma puede controlar a su huésped para su propia reproducción. De hecho, es algo común que los parásitos controlen a sus huéspedes. Unos ejemplos famosos son el dicrocoelium[8] y el leucochloridium[9]. Los dos son conocidos por provocar el suicidio e inanición a sus huéspedes.
Kousaka pensó un poco, entonces, habló.
-O sea, ¿dices que a los humanos infectados por el toxoplasma les podría pasar algo similar?
-Eso es. Las últimas investigaciones aseguran que un hombre infectado por el toxoplasma gondii muestra una reacción más favorecedora al olor de los gatos que un hombre no infectado. Sin embargo, parece ser que en las mujeres ocurre lo contrario.
-Qué raro. ¿Los efectos de los parásitos cambian según el género?
-No he visto mucho de eso en otros parásitos, pero es un tema popular sobre el toxoplasma. Hay resultados que muestran que el toxoplasma hace que los hombres se vuelvan antisociales y que no les gusten a las mujeres y que las mujeres se hagan más sociables y deseables para los hombres. También hay un informe que asegura que el 1.5% de las infectadas han intentado suicidarse.
-O sea, ¿el toxoplasma puede inducir a las mujeres a que se suiciden?-Kousaka se estremeció. -¿Y más de un tercio de la población mundial está infectado de ese parásito?
-Es sólo una posibilidad. No está demostrado.
-Aun así, me da escalofríos.-Dijo Kousaka con apariencia amarga.-Dicen que Pasteur se volvió misofóbico por sus estudios de microbiología, así que creo que cuánto más sepa de estas cosas, más difícil se me hará mirar con los ojos al aire y vivir en este mundo.
-Sé muchísimas historias de miedo de este estilo. ¿Quieres que te cuente?
Kousaka sacudió la cabeza.
-No, mejor cambiamos de tema. Sanagi, ¿te interesa algo más a parte de la parasitología?
-Mmm… Es un secreto.-Sanagi se puso el dedo traviesamente en los labios.
-¿Es un pasatiempo que no puedes contar?
-Es un pasatiempo muy femenino.
-Normalmente se suele contar el pasatiempo femenino y se esconde lo del amor por los parásitos.
-Los estándares de la vergüenza varían.-Replicó Sanagi disgustada.-Cuéntame, señor Kousada. ¿Qué te cautivó para hacer virus?
Kousaka le explicó la historia sobre cómo adquirió el interés por el malware. Cómo un mensaje de texto sobre el fin del mundo le salvó en cierto modo. Cómo se preguntó si podría hacer algo similar él solo. Cómo descubrió que se le daba bien e incluso empezó a convertirse la razón de su existencia.
-Creo que en cierta manera entendiendo lo de que te haya salvado un mensaje sobre el fin del mundo.-Convino Sanagi.-Por cierto, ¿qué tipo de virus haces?
-Sanagi, ¿sabes sobre el primer virus de ordenador que se reconoció en Japón?
-Nah.
-El primer virus doméstico que se desarrolló en Japón fue en 1989. Era un tipo de virus juguetón llamado: “navidades japonesas” que sólo mostraba un mensaje festivo en los ordenadores el veinticinco de diciembre. Del mismo modo, que el malware que yo he hecho se activará en la víspera de navidad. Aunque creo que el daño que haga será un poco más serio.-Sanagi movió la barbilla unos pocos milímetros, animándole a continuar.-Propiamente hablando, lo que he hecho es un gusano que margina a la gente.-Explicó Kousaka, intentando analizarlo.-Los móviles afectados no podrán comunicarse de la víspera de navidad hasta la noche de navidad. Supuse que eso jodería a las parejas de todo Japón que quisieran quedar. Divertido, ¿a qué sí?
Pero Sanagi no se río. En el momento en el que escuchó las palabras de Sanagi, sus ojos se abrieron como platos y se quedó quieta, como si le hubiese caído un rayo encima.
-¿Qué pasa?-Preguntó Kousaka. Los ojos de Sanagi permanecieron fijos en su garganta y no respondió. Y tal vez sus ojos no veían nada.
Sanagi no se movió durante un rato, pensando en silencio, como si hubiese hallado una apertura en el mundo, continuó callada, mirando el mismo sitio. Si se prestase atención, quizás se podría escuchar los engranajes de su cabeza girando.
Al final, Sanagi no explicó jamás por qué de repente se quedó callada, y cambió de tema incómodamente. Pero hasta cuando hablaban de otros temas, parecía que su atención todavía estaba en aquel “algo” de antes.
Era normal que se turbase por eso, porque el malware que Kousaka había creado, por pura casualidad, era muy parecido a otra cosa que ella conocía.

*        *        *        *        *

Era su día de compras semanal. Kousaka caminó por el camino iluminado por las farolas con bolsas en ambas manos. El agua apilada en varios sitios de la carretera brillaba de forma oscura. El aire estaba limpio y a simple vista se veían estrellas.
Vio a un hombre de mediana edad sentado a un banco al lado del camino rodeado por árboles. Cuando el hombre vio a Kousaka, dejó su lata de café en el banco y se puso en pie.
-Hey.-Dijo Izumi, levantando una mano.-Parece que pesa. ¿Te echo una mano?
-No, gracias.-Kousaka le rechazó.- ¿Comprobando mi progreso?
-Bueno, más o menos.
Izumi vestía con su atuendo inusual, un abrigo pardusco sobre el traje. ¿No tenía más abrigos? ¿O tal vez había decidido vestirse así cada vez que fuera a ver a Kousaka? ¿O tal vez simplemente le daba igual la ropa? Izumi se volvió a sentar en el banco y miró las bolsas de Kousaka.
-Me lo he estado preguntando, ¿qué come un loco de la limpieza?
-Cereales, comida nutricional, tofu, bienes envasados, verdura congelada…-Kousaka hizo una lista del contenido de sus bolsas.-Sí que hay muchas cosas que no como, pero no estoy particularmente limitado. Y en general, no como demasiado.
-¿Carne? ¿Sashimi? ¿Verduras crudas?
-Odio las cosas aceitosas, así que no como carne. El sashimi es, definitivamente, un “no”. Sólo puedo comer verduras crudas si las lavo bien y las cocino yo mismo. Aunque no creo que las quiera comer porque sí.
-¿Alcohol?
-Sólo vivo whiskey si me lo ordenan.
Pero sólo se aplica al whiskey medicinesco como el Laphroaig y el Bowmore, pensó Kousaka para sí.
-Bueno, eso está bien.-Izumi asintió, encontrándolo plausible.-Hay mucha gente que no puede beber whiskey y no son unos locos de la limpieza. En ese sentido tienes bastante suerte.
Kousaka se sentó al lado de Izumi y dejó las bolsas en el suelo. Las latas de la bolsa sonaron al juntarse entre ellas. Después de quitarse la mascarilla humeda por su propio aliente, habló:
-El motivo por el que Hijiri Sanagi no va a clase es porque tiene escopofobia.
Unos segundos después, Izumi le preguntó:
-¿Te lo ha dicho ella misma?
-Sí. Sus cascos al parecer disminuyen los síntomas.
-Es difícil de creer.-Izumi dijo dudoso.- ¿De verdad que te lo ha dicho Hijiri Sanagi? No será una suposición tuya, ¿no?
-¿No te ha dicho nada?-preguntó Kousaka.
-A mí no me cuenta nada de ella. Es un misterio total.
Ya veo, pensó Kousaka. Por la expresión que tenía Izumi en ese momento, podía concluir que había cierto nivel de comunicación entre Izumi y Sanagi.
-Le dio un ataque de escopofobia y me llamó para que la ayudase. Si no fuera or eso, seguramente no lo habría descubierto en tan poco tiempo.
-¿Te llamó para que la ayudaras?-Repitió Izumi, como si le hubiese pillado desprevenido.-Esto se está volviendo una sorpresaza. No sé qué te pasará. Si supiera que estaríais tan unidos te habría contratado para salir con…
-Seguramente no tenía nadie más de quien depender. Sólo he tenido suerte.
-No, no lo creo. Eres la primera persona que descubre por qué Hijiri Sanagi no va a clase. Hasta ahora daba igual lo débil que estuviese, nunca le había revelado su escopofobia a nadie más que a sus parientes. En otras palabras, confía en ti tanto como en un familiar.
Si esto es verdad, me alegra mucho, pensó Kousaka. Pero no podía acabar de creerse las palabras de Izumi. Tal vez estuviese inventándose todo esto para elogiar a Kousaka. No sería raro pensar que todos a los que había contratado antes hubiesen caído en esta táctica.
Izumi sacó un sobre del bolsillo interior de su abrigo y se lo pasó a Kousaka.
-Tu pago, pero sólo la mitad. Te pagaré el resto dependiendo en tus acciones.
Como era la mitad, significa que equivaldría a lo que le había pagado a Sanagi. Aliviado de que su inversión le hubiese sido devuelta, Kousaka se metió el sobre en el bolsillo.
-Bueno… ¿Y ahora qué tengo que hacer?
Izumi no le respondió de inmediato, se apoyó en el banco y miró el cielo. Kousaka también se apoyó y miró hacia arriba. Pensó que quizás empezaría a nevar, pero no parecía ser el caso. Izumi estaba pensando en algo. Casi parecía que estuviese buscando la respuesta en las estrellas.
Izumi le pegó un sorbo a la lata de café a su lado, respiró y respondió la pregunta.
-No tienes que hacer nada.
Kousaka se giró hacia Izumi con los ojos totalmente abiertos.
-¿Eso significa que mi trabajo ha…?
-Hey, yo no he dicho eso. Tu trabajo todavía no ha terminado. Con lo de “no tienes que hacer nada”, me refiero a que “sigas así”. Sigue siendo un amigo de confianza. Si haces eso… A lo mejor pasan cosas interesantes.
-¿Interesantes?
Izumi ignoró su pregunta.
-Eso es todo. Volveré a ponerme en contacto contigo más tarde.
Con ese comentario directo, Izumi se levantó del banco. Parecía apunto de marcharse, pero de repente se detuvo y se dio la vuelta.
-Se me ha olvidado decir algo importante. Una cosa que tendría que advertirte.
-¿El qué?
-Pase lo que pase, no cruces la línea con Hijiri Sanagi. Aunque sea lo que ella quiere que hagas. Dudo que tenga que preocuparme con un loco de la limpieza como tú, pero por si acaso.
Kousaka le miró atónito. Entonces, un poco después, frunció el ceño.
-¿Qué dices? ¿Sabes cuánta diferencia de edad hay entre nosotros?
-Sólo dime que sí. No lo digo por Hijiri Sanagi, sino por ti. Si ignoras esta advertencia, tú serás el que tendrá más problemas. Que lo creas o no, es cosa tuya.
Kousaka suspiró.
-No tienes de qué preocuparte. Ni siquiera podré cogerle de la mano.
-Bien. Rezaré con que siga así.
Y así, Izumi se desvaneció en la fría oscuridad.

*        *        *        *        *

Sanagi llamó a Kousaka por móvil. No fue una llamada desesperada como la última vez, pero hubo la sensación de que tenía ciertos asuntos para él.
-Quiero probar una cosa. Ven ahora mismo a la biblioteca.
Con tan sólo esas palabras, Sanagi colgó. Kousaka titubeó uno rato, pero se rindió al poco tiempo, se cambió de ropa, se puso sus guantes y mascarilla, y se preparó para salir. Pero justo antes de marcharse de la habitación, se quitó la mascarilla con resolución y la tiró a la basura. Ni él sabía el por qué, pero pensó que así estaría mejor.
Sanagi le esperaba en las escaleras de la puerta delantera de la biblioteca. Como siempre vestía de una forma que parecía dejar sus piernas al aire, y de hecho, temblaba un poco pero parecía considerar ese temblor algo normal. Cuando vio a Kousaka, Sanagi se sacó los cascos y levantó un poco la mano.
-¿Qué quieres probar?-Preguntó Kousaka.
-Ahora mismo no te puedo responder. Te lo diré de aquí un ratito.
Sanagi se levantó. Caminaron juntos. De camino al piso, Kousaka no dejó de echarle vistazos al rostro de Sanagi. Hasta entonces no había pensado nada, pero después de las sospechas injustas de Izumi, era extremadamente consciente de la presencia de Sanagi.
Kousaka intentó preguntarse: ¿Podría llegar a mirar a esta escopofobica amante de los insectos de forma romántica? La respuesta llegó rápido.
-Ni de coña.
En efecto, era una verdad innegable que no sentía nada especial por Hijiri Sanagi, pero sí que le profesaba un cariño natural porque era alguien con preocupaciones similares, lo que quedaba lejos del romance.
Kousaka se rio por su inquietud – estupideces. Todavía era una niña en su adolescencia. Izumi no hablaba en serio. Seguro.
De repente, notó que Sanagi le miraba directamente. Le preocupaba que lo que tenía en la cabeza se le reflejase en la cara, pero no parecía ser así.
-Hey, señor Kousaka. Si te pidiera que me volvieras a acariciar la cabeza, ¿qué harías?
Por un instante, Kousaka no respondió a esa inesperada pregunta.
-¿Quieres que lo haga?
-Hipotéticamente hablando. ¿Podrías? ¿No?
Kousaka evaluó la hipótesis mentalmente.
-SI lo intentase, no creo que fuera imposible.
-¿A que sí?
-¿Y…?
-Cuando camino contigo así, no pasa nada si no llevo los cascos.
Ahora que lo mencionaba, se había quitado los cascos en cierto punto y los había metido en la mochila.
-Parece que cuando estás aquí mi escopofobia mejora un poquito. A lo mejor es alivio por tener a alguien que entiende mis preocupaciones y mis síntomas. ¿Y tú, señor Kousaka?
Kousaka se tapó la boca de repente y se dio cuenta. Ese era, más o menos, el por qué se había quitado la mascarilla antes de salir del piso. Debía haber una sensación de alivio al saber que iba a ver a Sanagi, por lo que estaba más tranquilo de lo normal.
-Sí, supongo que cuando estoy contigo mi fobia es un poco menos intensa.
-Lo sabía.-Dijo Sanagi orgullosamente.-No acabo de entender cómo, pero podemos aprovecharlo.
-¿Aprovecharlo para qué?
-¿No es obvio? Entrenarnos para acostumbrarnos al mundo exterior. Una carrera de tres piernas de rehabilitación, para poder andar por ahí sin guantes ni cascos.
-Ya veo… No es una mala idea.-Afirmó Kousaka.
-Y he pensado un poco…-Sanagi empezó a contarle su plan rápidamente.

*        *        *        *        *

Diecisiete de diciembre, domingo. Pensando en ello, fue la primera vez que Sanagi iba a su piso antes de que llegase la tarde. Cuando se encontraron, Sanagi le dio a Kousaa un billete del Shinkansen. Había escuchado que irían más lejos de lo normal, pero creyó que estarían por la prefectura, por lo que eso le puso nervioso. Iba a devolverle el dinero del billete, pero Sanagi se negó.
-Es un regalo, no necesito dinero. A cambio, no puedes quejarte, vayamos donde vayamos.
-Vale.-Kousaka aceptó. Entonces, añadió en voz baja.-Mientras no esté demasiado sucio.
Los dos se pusieron en marcha. Llevaban guantes y cascos en la mochila por si los necesitasen, pero eran últimos recursos. A no ser que ocurriese algo, no iban a sacarlos.
Kousaka apenas recordaba el viaje. Tan desesperado estuvo por no pensar en nada, que no le dio tiempo de disfrutar del paisaje o conversar. A Sanagi le pasó lo mismo, estuvo escondiendo la cara y titubeando todo el paseo en tren. En efecto, sus síntomas eran mucho menores de lo normal, pero era parecido a cuando tu temperatura corporal desciende de 104 a 102, por lo que aunque era cuantitativamente mejor, no cambiaba el hecho de que padecían unos trastornos serios.
La ansiedad de Kousaka llegó al máximo cuando se bajaron en la estación de Tokio e hicieron transbordo a la línea Yamanote. Estaba a petar y cada vez que el tren daba un bote, se chocaba con alguien, lo que le repugnaba como si tuviese insectos arrastrándose por su cuerpo. El solo respirar le daba la sensación que le estaban contaminando con el aire que respiraban los demás. Le dolía el estómago y sentía nauseas. Tenía algo amargo en su garganta. Sus pies eran inestables y si no tenía cuidado se podría caer, pero Sanagi estaba a su lado. Aferrada a su abrigo conteniendo su fobia desesperadamente y rechinando los dientes. Cuando notó la presencia de Sanagi, su dolor de estómago y las náuseas se retiraron lentamente. Soy el único en el que se puede apoyar Sanagi ahora mismo. ¿Si no me controlo, qué va a pasar?, pensó Kousaka para animarse a sí mismo.
-¿Estás bien?-Le preguntó en voz baja.- ¿Puedes seguir?
-Sí, estoy bien.-Respondió  Sanagi con la voz ronca.
-Si no puedes soportarlo, dímelo.
-Eres tú el que parece estar fatal.-Sanagi se rio, haciéndose la dura.-Si tú no puedes soportarlo, dímelo.
El trayecto duró menos de veinte minutos, pero parafraseando a Einstein, fueron veinte minutos con la mano en la estufa caliente.
Cuando se bajaron del tren, Kousaka estaba exhausto como si hubiese estado allí dentro dos o tres horas. Después de bajarse en la estación Meguro y caminar hacia oeste unos quince minutos, Sanagi se detuvo.
-Ya estamos.
Kousaka alzó la vista. Delante de Sanagi había un edificio compacto de seis pisos con las palabras: “Museo parasitológico de Meguro”.
¿Museo parasitológico?
-No parece un buen sitio para mí.-Protestó dócilmente Kousaka.
-Me has prometido que no te quejarías sin importar dónde fuera, ¿no?-Sanagi levantó la cabeza y sonrió.
A él no le quedaba energía para desafiarla.
Siguiéndola, Kousaka entró al museo. En un área que parecía una pequeña recepción había información y muestras de parásitos. Los dos empezaron desde un lado y los vieron todos en orden. Había filas de especímenes embotellados en vitrinas de cristal con diversos tipos de parásitos, además de algunas criaturas e incluso órganos donde habitaban algunos.
Hasta que los vio de verdad, Kousaka se preocupó que el sólo mirar las muestras le pusieran tan enfermo que acabase desmayándose. Pero los parásitos en las botellas parecían más esculturas abstractas que insectos, así que la impresión que tuvo de ellos fue de algo sorprendentemente limpio.
La apariencia de algunos parásitos parecían verduras o fideos. Los anquilostomas y las tenias eran como fideos rizados de kishimen, los gusanos redondos eran como brotes de soja enredados, los Gyrocotylidea eran como champiñones. Por supuesto, habían muchas muestras grotescas que le dieron ganas de apartar la vista: un ratón de campo con echinococcosis con un tumor gigantesco en el estómago o la cabeza de una tortuga marina infectada con un ozobranchus branchiatus.  El rostro de Kousaka se crispó como reflejo cuando vio estos, pero Sanagi los admiró sin problemas.
Además de Kousaka y Sanagi, había otros cinco grupos de dos visitando el museo, y cuatro de los grupos eran parejas. A Kousaka le costó comprender porque tanta gente tendría una cita allí. Algunas parejas soltaban grititos como si hubieran ido a ver algo que de miedo, pero otras discutían como si nada lo exhibido y soltaban términos técnicos.
-Mira, señor Kousaka.
Sanagi habló tras haber estado observando las exposiciones sin decir palabra hasta entonces. Miraba a un espécimen en una botella con un palo que estaba etiquetado como: Diplozoon paradoxum. La nota decía: “parece una mera mariposa a primera vista, pero este parásito especial es dos gusanos que se han conocido como larvas y se han hecho uno”.  Más o menos coincidía con lo que Sanagi le había dicho a Kousaka. El fundador del Museo Parasitológico de Meguro, Satoru Kamegai, trabajaba estudiando los parásitos, así que también era como un logo del museo.
Kousaka miró a través del magnífico cristal delante de la botella.
-¿Y bien?-Preguntó Sanagi desde detrás de él.
-Son mariposas…
En efecto, parecían mariposas. Mariposas blancas con alas posteriores pequeñas. Tenían casi la misma forma que el llavero de Sanagi.
Kousaka se agachó delante de la vitrina y miró las muestras de Diplozoon paradoxum un rato. De alguna manera, Kousaka sentía que esos parásitos con una forma simbólica le daban mucha nostalgia.
El panel de la segunda planta constaba de parásitos famosos como el Toxoplasma gondii y el echinococcus, y también había una explicación del Spirometra erinaceieuropaei. Según la explicación, cuando el Spirometra erinaceieuropaei infecta a un humano puede causar una enfermedad parasítica llamada: sparganosis. El nombre de esta enfermedad en japonés contiene la palabra: “gusano huérfano”, que se refiere a los insectos cuya forma larval está identificada pero su forma adulta no.
-Estrictamente hablando, el uso de “gusano huérfano” no es preciso.-Añadió Sanagi desde un lado.-Cuando descubrieron el Spirometra erinaceierupaei, no se conocía su forma adulta, así que les trataron como gusanos huérfanos durante treinta años. Así que el nombre de la enfermedad incluye también el término, y aunque ya se ha descubierto su forma adulta, sigue llamándose así por la costumbre.
Como siempre, cuando va de parásitos se vuelve una parlanchina, pensó Kousaka con una mueca.
Sanagi señaló el lado derecho de la vitrina.
-Por otra parte, hace más de un siglo que se desconoce la forma adulta de estos Sparganum proliferum, por lo que sí son gusanos huérfanos de verdad. Cuando infectan humanos, se dividen dentro del cuerpo repetidamente e invaden y destruyen todo tipo de sistemas, incluyendo el cerebro. Finalmente, la persona infecta está llena de ellos y muere. No hay tratamiento, así que el porcentaje de muerte es de un 100%. La medicina no funciona y son demasiado numerosos para quitarlos con cirugía.
Kousaka tragó saliva.
-¿Hay parásitos tan peligrosos?
-Sí, claro. Sólo ha habido una docena o así de casos en el mundo.
Entonces, ambos observaron las muestras en silencio un rato.
-Hey, Sanagi, se me ha ocurrido una cosa.-Dijo Kousaka aun mirando el sparganum proliferum.- ¿Por qué matan a los humanos? Por lo que he oído lo que hacen estas cosas es algo así como un suicidio. Si matan el huésped en el que habitan, también se mueren, ¿no? ¿Por qué hunden la isla en la que viven?
Sanagi miró a Kousaka como diciendo: buena pregunta.
-Los parásitos no siempre son capaces de infectar a quién quieren. A veces acaban perdidos en un huésped no definitivo – un huésped que no es intermediario ni final, y en el que no se pueden colocar. Para un parásito, infectar a un huésped no definitivo significa perder para siempre la oportunidad de habitar en un huésped definitivo. Cuando esto ocurre, la mayoría de los parásitos mueren, pero algunos se resisten con cabezonería e intentan alcanzar al huésped definitivo, se mueven entre los órganos y los sistemas como larvas. En algunos casos, esto puede causar síntomas de enfermedades serias. Es una clase de enfermedad llamada: migraciones de larva. Cuando un gnathostoma, que infecta peces de agua fría, infecta a un humano sin querer, pueden perderse por su cuerpo durante una década.
-¿Sólo intenta salirse del cuerpo en al que ha vagado por error?
-Supongo que vendría a ser eso. Aunque los terribles sparganum proliferum son dóciles cuando infectan a un huésped definitivo. Pero tienes razón, si matan a su huésped final, se mueren con él.
Kousaka asintió. Pensando en ello, había oído que el echinococcus lo propagaban los zorros a los humanos y que para los zorros era inofensivo.
Sanagi siguió con un tono amable.
-Dicho eso, no es que los parásitos no dañen nunca a su huésped definitivo tampoco. Por ejemplo, las tenias son parásitos que tienen a los humanos como huéspedes definitivos, pero cuando estas larvas invaden el cerebro y la médula espinal, causan la cystirecercosis, una enfermedad muy letal para nosotros, y…
De repente, Sanagi cerró la boca. Se dio cuenta que los visitantes a su alrededor se habían callado y la escuchaban hablar. Algunos la miraban como si fuera una criatura curiosa, otros estaban impresionados. Sanagi miró a su alrededor y se percató que había atraído la atención sin querer, y se escondió detrás de Kousaka apresuradamente.
-Nos tendríamos que ir yendo ya.-Dijo con una voz fina.
-Sí.-Afirmó Kousaka.
Si Sanagi hubiese acabado su explicación sobre la cisticercosis aquel día, el desenlace de aquel último acontecimiento habría sido algo distinto. Cuando la gente come huevos de tenias, los huevos incuban en sus órganos y se convierten en larvas llamadas cisticercos. Los cisticercos se mueven por los intestinos y crean quistes. Cuando estos quistes están en lugares como el cerebro o la médula espinal, causa cisticercosis, pero en realidad, los síntomas no aparecen casi nunca mientras los cisticercos están vivos.
Los problemas aparecen cuando los cisticercos mueren. La muerte de los cisticercos en el sistema central nervioso ocasiona una gran reacción. Provoca una inflamación local y glioma alrededor de los quistes, lo que resulta en ataques epilépticos y daños en los nervios. Llegados a este punto, el porcentaje de muerte por cisticercosis puede llegar a ser de un 50%.
Había una razón importante por la que nadie más que Kousaka tenía semejante conocimiento. Para un fóbico de los parásitos como él, le era imposible ignorar las preconcepciones y llegar a la verdad.

*        *        *        *        *

En comparación con su viaje de ida, el de vuelta fue mucho más fácil. Después de un descanso corto en una cafetería para comer algo ligero volvieron a casa. Charlaron ociosamente todo el trayecto del Shinkansen.
-Ahora que lo pienso, hace tiempo escuché que los parásitos pueden curar alergias. ¿Es verdad?
-Hay experimentos que lo han demostrado. No sólo curan alergias sino que también son efectivos contra las enfermedades autoinmunes como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Pero claro, tampoco se puede garantizar la salud, así que seguramente queda mucho para usarlos como curas de ir por casa.
Kousaka torció el cuello.
-¿Y cómo funciona eso exactamente? Lo normal es que los parásitos causen alergias graves.
-Por supuesto, eso también ocurre claro. Pero…-Sanagi se quedó callada unos segundos, como si descomprimiendo unos recuerdos.-En algunos detalles, los sistemas inmunológicos de los humanos están hechos con la suposición de que tiene parásitos. Si ahora nos diera por meternos más parásitos, entraríamos en pánico, pero hasta hace unas décadas lo normal era tener algunos. El cuerpo humano estaría en constante batalla si nos atacaran los diferentes sistemas y acabaría hecho trizas en un abrir y cerrar de ojos. Por lo que nuestro cuerpo está hecho para que los intrusos sean relativamente inofensivos.
-Una coexistencia pacífica, ¿eh?
-Sí. Está relacionado con las células que eliminan la inmunidad que se llaman “células T” – hay personas que no tienen suficientes y no tienen inmunotolerancia, por eso podría darse que su sistema inmunológico atacara en exceso substancias forasteras o incluso que se volviera hostil hacia sus propias células y sistemas. En general, el funcionamiento del sistema inmunosupresor está relacionado con la mejora de las enfermedades de inmunidad. Pero al parecer, estas células T reguladoras sirven para controlas los parásitos que el huésped aprueba. Así que, en esencia, la ausencia de parásitos, una situación de limpieza extrema, puede resultar en el incremento de alergias modernas y enfermedades autoinmunes.
Kousaka reflexionó sobre ello un poco.
-En otras palabras, los parásitos curan alergias debilitando las defensas del sistema inmune.
-Si lo analizas, creo que sí.
En cierta manera me recuerda a Eros y Thanatos de Freud, pensó Kousaka. Toda la energía exterior se puede convertir en interior y volverse auto destructiva.
-Sigue siendo sorpresivo escuchar que el cuerpo humano está creado para albergar parásitos.
-¿Sí? ¿Las bacterias intestinales no son un claro ejemplo de eso?
Kousaka pudo entenderlo. Ahora que lo decía, era cierto.
Se bajaron del tren para hacer transbordo, mientras caminaban por el pasillo de la segunda planta de una estación de tren, Kousaka miró por la ventana. Los arboles estaban decorados con luces de Navidad y la calle estaba iluminada con una fantástica luz naranja. Cuando miró a Sanagi vio que ella también observaba las decoraciones. Sus ojos tenían una compleja mezcla de envidia y desdén.
Tras una docena de minutos cambiando de líneas, por fin vieron calles conocidas. Se marcharon de la estación y volvieron a salir al aire fresco. La noche era clara y hermosa, y fácilmente se podía admirar una media luna.
-Parece que hemos vuelto a salvo.-Dijo Sanagi emocionada.
-De alguna manera.-Dijo Kousaka.-Ha sido bastante duro para nuestro primer entrenamiento.
Sanagi se detuvo de repente mientras andaban por el silencioso distrito residencial. Estaba mirando un parque de niños. Uno pequeño que no parecía adecuado para jugar a atrapar la bandera, ni nada. Sanagi caminó hacia este sin dudar. Kousaka la siguió.
Había una asombrosa cantidad de nieve en el parque presuntamente sin usar durante bastante tiempo. Cada paso que daban hacía que se hundieran hasta los tobillos de nieve. Era nieve que se había solidificado rápidamente y al caminar por ella dejaban un rastro de huellas.
Al llegar a la jungla de barrotes, Sanagi se subió sin dudarlo un momento, se sentó en la parte de arriba y dijo: “qué frío, qué frío” mientras se calentaba las manos con su aliento, entonces, bajó la vista a Kousaka e hizo una mueca orgullosa.
Kousaka tocó los barrotes tímidamente y quitando la nieve para evitar resbalarse, los escaló para sentarse al lado de Sanagi con cuidado.
No se había subido en uno de estos desde primaria. Ambos se quedaron callados durante un rato, disfrutando de la sensación nostálgica y fresca. Simplemente, con una vista dos o tres metros más alta de lo normal, el mundo parecía distinto. La nieve del parque absorbía la luz de la luna y relucía de un color blanco pálido.
Un rato después, Sanagi rompió el silencio.
-Señor Kousaka, ¿recuerdas el Diplozzon paradoxum del que te he hablado antes?
-Claro que sí. ¿El que parece una mariposa, tiene un amor a primera vista, copulación vitalicia y su amor es ciego?
-Fantástico.-Sanagi juntó las manos y sonrió. Entonces, prosiguió.-Hey, Señor Kousaka, ¿alguna vez has pensado en esto?
“A lo mejor en toda la vida no tendré un compañero. A lo mejor me moriré sin haberme enamorado de nadie. A lo mejor cuando me muera, no habrá nadie que derrame lágrimas por mí”
-No soy un D. paradoxum, así que a veces, antes de irme a dormir, pienso en estas cosas.-Dijo Sanagi cmo si nada y sin emoción alguna.- ¿Entiendes estos sentimientos, señor Kousaka?
Kusaka asintió profundamente.
-Siempre pienso en ese tipo de cosas. Cuando camino por ahí y vea a una pareja perfectamente casada, pienso mucho en ello – seguramente es algo que no tendré en toda mi vida – pensar eso me pone insoportablemente triste. Pero no creo que tú tengas que pensar en esas cosas, Sanagi. Todavía eres mucho más joven que yo, y lista, y de verdad, eres muy guapa. Tienes muchas cosas que compensan tus fallos. Estoy seguro que no tienes por qué ser tan pesimista.
Sanagi sacudió la cabeza lentamente.
-Señor kousaka, sólo dices eso porque no me conoces demasiado bien.
-Puede que tengas razón, pero es un error pensar que eres la única que te conoces. Hay cosas que pasas por alto sobre ti. A veces, lo que ve la otra gente es lo real.
-Supongo… Estaría bien que fuera verdad.
Los ojos de Sanagi se achinaron tristemente y abrió la boca para decir algo, pero se lo repensó y cerró los labios. Entonces, se levantó.
-Tendríamos que volver; empiezo a tener frío.
-Sí.-Kousaka también se levantó.
Cuando se marcharon del parque ambos se sumieron en el silencio. Finalmente, cuando llegó el momento de separarse Kousaka empezó:
-Bueno,-para despedirse, pero Sanagi le interrumpió.
-Eh, cuando haces algo, creo que lo mejor es tener clara la  meta.
Kousaka tardó unos cinco minutos en comprender que hablaba sobre superar los obstáculos de sus compulsiones. ¿Qué te parece? En la víspera de Navidad podré caminar por el pueblo sin que las miradas de la gente me molesten. Señor Kousaka, tú podrás ir de la mano de alguien sin que te moleste la suciedad. Si conseguimos estas metas, entonces en la víspera de Navidad, nos cogeremos de la mano y caminaremos por las luces de Navidad de fuera de la estación y haremos una fiestita.
-Me parece divertido.
-Pues va, es una promesa.
Así, Sanagi se dio la vuelta y se fue deprisa.
Cuando llegó a casa, sin ninguna intención en particular, Kousaka buscó en internet el Museo Meguro de parasitología y un hecho sorprendente salió a la luz. Al parecer, el museo era un destino popular para citas en esa área. Por eso habían tantas parejas.



[1] Toxoplasma gondii: un parásito que puede vivir dentro de las células de los seres humanos y de los animales, sobre todo de los gatos y de los animales de granja.
[2] Toxoplasmosis: La toxoplasmosis se encuentra en los seres humanos a nivel mundial y en muchas especies de animales y de aves, también afecta a las personas que tienen sistemas inmunitarios debilitados. La infección también se puede pasar de una madre infectada a su bebé a través de la placenta. Esto ocasiona toxoplasmosis congénita. Puede no haber síntomas. Si los hay, suelen aparecer alrededor de 1 a 2 semanas después de entrar en contacto con el parásito. La enfermedad puede afectar el cerebro, el pulmón, el corazón, los ojos o el hígado.
[3] Anisakis: Es un gusano nematodo que pasa su ciclo vital en el tubo digestivo de peces y mamíferos marinos, donde vive a costa de ellos. Cuando el ser humano ingiere pescado infectado, este gusano puede causarle alteraciones digestivas y reacciones alérgicas.
[4] Anisakiasis: infección en concreto por algún gusano del género Anisakis.
[5] Amos de títeres: Año 2007. La Tierra vive en paz mientras se recupera de la Tercera Guerra Mundial. Pero la amenaza llega del espacio, y no en forma de un ataque violento e intimidatorio, sino como una invasión sutil e invisible. Sólo la más secreta de las agencias del gobierno estadounidense puede detenerlo. Pero ¿cómo luchar contra un enemigo que no puedes reconocer y que se ha infiltrado en todos los estamentos de la sociedad?
[6] Robert Heinlein: Heinlein es considerado como un buen narrador que acertó a llenar sus relatos de una equilibrada mezcla de varios elementos que hacen sus relatos tan amenos como científicamente impecables. Propugnó, y practicó, la necesidad de integrar las particularidades científicas de los relatos dentro de la línea narrativa, y no descontextualizar las explicaciones necesarias mediante largas disertaciones. Técnicamente la narrativa de Heinlein estaba a años luz de la de cualquier otro autor de la época de los clásicos.
También, y en gran medida a propuesta de John W. Campbell, introdujo temas nuevos en la ciencia-ficción, como las relaciones entre política y religión.
[7] Dopamina: hormona que además sirve de neurotransmisor y dependiendo de la estructura química cumple funciones diferentes en el mismo sistema nervioso. La dopamina  tiene la mayoría de sus funciones en la zona del cerebro, lugar en el cual se manejan grandes actividades en lo que se refiere al comportamiento, las motivaciones, la regulación de la producción de la leche, el buen o mal humor, el sueño y aspectos de atención o aprendizaje entre otros. Por esta razón a la dopamina se la conoce como el neurotransmisor de las adicciones, ya que muchas drogas, como la cocaína o la heroína, el tabaco o el alcohol hace que esta hormona se libere.
[8] Dicrocoelium dendriticum: vulgarmente conocida como “duela pequeña del hígado" y, en España como "gusarapo chico”, es un parasito que afecta a los mamíferos de pastoreo. Se descubrió por la afección que causaba a las ovejas a principios del siglo XIX. Se supo después que en el ciclo intervenía un caracol terrestre, aunque no se tenía claro al principio si era por ingestión del mismo, por el rastro que dejan al desplazarse, o si existía otro hospedador implicado en el ciclo. Aunque los herbívoros sean el hospedador huésped definitivo de este parásito, otros hospedadores accidentales (tanto herbívoros como carnívoros y omnívoros), entre los que se incluye el humano, pueden verse afectados esporádicamente.
[9] Leucochloridium paradoxum: es un parásito platelminto que subsiste gracias a un ciclo biológico que precisa de varios huéspedes. Se desarrolla en un tipo de molusco, concretamente el caracol, éste ingiere vegetación y también puede alimentarse de excrementos de aves, los cuales han sido infectados por el platelminto.

Title: Capítulo 4: Este mundo agusanado
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Writed by Nana L15R1