Especial: La tienda

Aunque el postre que Kenneth había enseñado a hacer a Latina tenía mucha fruta seca y era dulce, si tuvieran que describirlo, sería clasificado como “en conserva”. Aunque estuviese bueno, si un pastel tiene demasiada mantequilla y huevo, cuando se está de viaje, no dura mucho.
-¿Has hecho tú esto, niñita?
-Sí. Este es el de práctica antes de hacer el de Dale.
Los clientes habituales estaban todos absortos en la cháchara del Ocelote. Entre ellos había un hombre barbudo que, a diferencia de su apariencia amenazadora, era muy bueno con Latina. Puede que fuera porque Latina se estaba encariñando con él que el hombre empezara a mimarla, pero en cualquier caso, la niña fue capaz de entrar en su corazón hasta el punto de poder llamarle: “Gil”.
-Es un regalito. Toma, Gil.
Latina le dio el pastel y una taza de té a Gilbester cuyos ojos titilaron felices. El nombre de ese hombre hacía que los aventureros retrocedieran. A su edad, no sería raro que tuviese nietos de la edad de Latina pero, aunque los tuviera, que fueran tan simpáticos como Latina sería otra historia.
Quizás fuese porque era sólo práctica, pero el caramelo marrón tenía una forma irregular y era difícil de morder, pero no estaba malo. Mientras masticaba, Gilbester fue a por su segundo pedazo.
-Si lo vendieras en el Ocelote, ¿no conseguirías más paga, niñita?
Además de no estar malo, era un producto Premium – hecho por Latina –. Con todos los fans de la niña, seguro que se iba a vender bien. Sin embargo, Latina inclinó la cabeza perpleja ante las palabras de Gilbester.
-Los de Kenneth están más buenos comparados con los de Latina.
-Dudo que Kenneth venda tanto.
-¿Por qué?
-Seguramente porque eres tú quién se ha esforzado por hacerlo, niñita.
-¿Mmm?
Ella no parecía convencida. Parecía que, para esta niña tan seria, además de por la calidad, el hacer un producto más caro sólo por haberlo hecho ella le era demasiado.
-¿Con estos ingredientes se vendería mucho?
-Bueno, no hablaba de eso.
Gilbester cogió otro pedazo de pastel sonriendo torpemente, se lo puso en el plato que tenía delante de él. No quería entristecer a la niña por dejar sobras y tampoco quería compartirlo con los otros clientes que estaban mirando por el rabillo del ojo a Latina, como queriendo decir algo.
Presumiría de ser el cliente especial de la niñita, y de ser lo suficientemente cercano a ella como para que le llamara: “Gil”. Al parecer, era como Dale, una persona que no podía tratarla imparcialmente.

-Qué duro está, Latina. ¿No es está mal hecho?-Dijo Rudi dando un bocado.
-Que no, jo. Como es para que dure mucho, tiene que ser duro.
Latina se llevó las sobras de su práctica cuando fue a jugar con sus amigos.
-Sigue siendo más blando que el pan duro. Creo que la mezcla te ha salido bastante bien.-Dado que era el hijo de un pastelero, las críticas de Marcel eran algo profesionales. Latina asintió dos veces, con aspecto serio.-Y si lo hicieras más dulce, se quemaría con facilidad, pero esto está bien.
-Genial.
Latina sonrió por la evaluación de Marcel. Esta niña era seria con su trabajo y una crítica constructiva la hacía más feliz que un elogio.
-Cuesta masticarlo, pero está bastante bueno.
-Latina, has traído té, ¿no? ¿Puedo tomar un poco?
-Sí.
Chloe también le dio el visto bueno y Anthony pareció notar que el postre se había hecho con una cantidad moderada de agua y les sirvió té del matraz que Latina había traído. Rudi estuvo callado todo el rato.
Latina dejó seca su taza de té después de repartir la bebida entre todos con Anthony, y entonces, dejó escapar un grito de sorpresa cuando echó un vistazo a la cesta que había traído.
-¡Ah! ¡Sólo queda uno!
Como se lo había llevado a sus amigos para que lo probaran, había traído bastantes postres, pero ya no quedaba ninguno en la cesta.
-¡¿Rudi?!
-¿Mmm? Dejar tus intentos fallidos habría sido malgastar, así que me los he comido por ti.
-¡No eran fallos, jo! ¡Latina los ha hecho bien! ¡Jo!
-Un pastel blandito estaría mejor para la próxima.
-Latina no los había hecho para Rudi, jo. ¡Era para Dale!
-Un pastel de chocolate estaría bien. Hazlo de chocolate.
Las mejillas de Latina se inflaron, pero Rudi, sin que le importase, le contestó lo que a él le dio la gana.
En el rostro de Marcel, que se había asegurado de guardarse su porción, apareció una sonrisa amarga mientras masticaba el pastel.
-Rudi siempre está así.
-Lo sé. Es un idiota.-Chloe irguió la nariz.
El sonido no era apetitoso, pero definitivamente, no se trataba de ningún intento fallido como había dicho Rudi. Y si lo hubiese sido, no los habría monopolizado ni se los habría comido todos de esa manera.
-Aunque Latina no lo hubiese hecho bien, Rudi se los habría comido igual.
Incapaz de refutar lo que Anthony había murmurado, los tres suspiraron con asombro. 

Title: Especial: La tienda
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