Capítulo 79: Al festival nocturno del dios Rojo [parte 2]

-Jaja… Chloe esto es bastante divertido.
-¿A qué sí? No hay muchas ocasiones… de jugar con semejante talento.
-¿Qué? ¿Qué?
-Lo sabía… A Latina le queda mejor el rosa que el naranja.
-Jaja…
-¿Qué? ¿En serio, qué pasa?
Chloe parecía extremadamente feliz de ver todos los conjutos que le había traído Silvia del templo de Ahdar, y además, eran los kit de maquillaje más recomendados. Entre la información del templo de Ahdar también había información sobre moda y servicios adultos. Además, la mitad de los sacerdotes eran mujeres. De todos los templos, el de Ahdar era el que estaba más relacionado a asuntos de palabra, por lo que naturalmente, también se informaban sobre las modas más recientes y demás.
Latina estaba en medio de maquillarse por primera vez. Sin embargo, no tenía un espejo en el qué poder ver qué estaba pasando y las otras dos jugaban a probar muchas cosas en ella. Para la gente como Silvia y Chloe, se trataba de una oportunidad única en la vida de vestir a una jovencita que era como una muñeca como a ellas les placía. Ellas dos también eran chicas, y seguramente sentían algo de celos al lado de semejante belleza. No obstante, cuando estaban en otro nivel, era otro cuento. Ya se habían rendido, y por eso, su amiga de la infancia era una cabeza hueca. Era peligroso que se quedase a solas cuando estaba en las nubes.
Y encima de todo, ambas sabían bien que Latina no había cambiado desde pequeña y seguía mirando a alguien más mayor que ellas.
Chloe y Silvia, con una tensión extraña, chocaron los cinco, juntando las manos. Latina, a la que habían dejado así, las miraba ansiosa a la espera de una explicación.
Latina había empezado a trabajar a una edad temprana, tenía una personalidad fidedigna y trabajadora y dinero para gastar, por eso había conseguido tener su propio kit de maquillaje. No obstante, el motivo por el que no lo usaba, era porque le era difícil explicarle a Dale, que seguía tratándola como a una niña, que le gustaban esas cosas. Intentó decírselo a Rita indirectamente, sin embargo, la mujer estaba ocupada cuidando de su hijo y trabajando cada día, por lo que no podía pedirle algo que la forzase a tener que hacer tiempo para ir a comprar con ella. Aunque Latina estaba interesada, a causa de esos acontecimientos, ni siquiera pudo entrar en la tienda de maquillaje. Naturalmente, no podía contárselo a Kenneth, con quién normalmente hablaba de sus preocupaciones, y aunque lo hiciera, quién acabaría preocupado sería Kenneth.
Cuando se lo contó a sus amigas, de alguna manera se llegó a la conclusión que, siguiendo la guía de la bien informada Silvia, iban a reunir todo lo que habían escogido aquel día.
Silvia sabía algo de cómo maquillarse y Chloe también, ambas estaban mucho más informadas sobre esos asuntos en comparación a Latina. Las dos miraron su obra satisfechas, pareciendo muy felices.
-Dios, esta chica es muy bonita.
-Aún sin nuestro trabajo, sigue estando igual con sus rasgos.
-Venga, Latina, sonríe.
-Hey, va, decidme qué pasa…
Por fin consiguió cogerles el espejo a la pareja sonriente. Al mirarlo, Latina se sorprendió tanto que se quedó sin habla.
El maquillaje de sus ojos destacaba todavía más sus pestañas y sus enormes pupilas grises, por eso, le habían sombreado las otras secciones con moderación y de una forma equilibrada para que no pareciese muy ostentoso. El débil colorido de sus mejillas hacía parecer que estaba sonrojada. Sus labios algo entreabiertos, tenían un brillo rosa pálido y eran más glamurosos de lo habitual. No se había convertido en una adulta del todo, pero su rostro era el de una encantadora muchacha intentando llegar a la edad adulta. Era una obra con la que Chloe y Silvia estaban satisfechas.
-Mi… Mi cara está muy gruesa…
Sin embargo, el comentario de Latina iba bien con sus decepcionantes acciones normales. Esa afirmación decepcionante de calidad parecía ser, seguramente, una influencia del padre que la había criado.
-Eh… Por alguna razón me da vergüenza…
-¿Por qué te avergüenzas?
-Después de todo, así es como es ella.
Las tres chicas salieron afuera. Latina salió de la casa de Chloe la última, cabizbaja con apariencia preocupada. Su cara era distinta a lo normal. Se sentía incómoda, como si la gente la señalara. Seguramente, los que estaban a su alrededor no le prestaban atención, pero como no estaba acostumbrada a ello, se sentía inquieta.
Sus queridas amigas, conocedoras de la personalidad de Latina, le sonrieron relucientemente.
-Bueno, aunque puede que te esté mirando más gente de lo normal.
-¡¿Eh?!
-Sí. Por eso si te preocupas por eso ahora, sería un desperdicio.
-¿Estoy rara?
-Jojojo…
-Jojojo…
-¡¿Por qué os reís así?!
Mientras esas dos disfrutaban de la reacción de Latina cuando la molestaban, las tres se dirigieron al centro de la ciudad, donde estaba el templo de Ahmar. Por el camino se pararon aquí y allí.
Observaron la escena donde muchas tiendas presentaban sus artículos, con el punto de mira en las multitudes del distrito este, y habían muchos escaparates.
Aunque no tenían ninguna intención de comprar, las chicas señalaban objetos y disfrutaban de pasar el tiempo riéndose. Aunque la tienda de accesorios no era un sitio donde normalmente se permitía holgazanear, Chloe se detuvo al ver los objetos en fila, en el mostrador a un precio moderado. Las tres dudaron y discutieron, intentando encontrar lo mejor asequible para ellas.
Las tres dieron un pequeño rodeo y delante del camino por el que se separaron había una panadería a reventar. Aunque el interior de la tienda también estaba lleno, la paradita fuera del establecimiento estaba aún más ocupado.
Las tres se rieron al ver a su amigo de la infancia trabajar.
-Marcel, pareces ocupado.
-Latina, Chloe… Y hasta Silvia. Cuánto tiempo, Silvia.
Su tono amable no había cambiado desde la niñez, pero mientras trabajaba movía los brazos deprisa. Vendía un pan relleno a los turistas que habían ido a ver el festival. Incluso mientras hablaban, Marcel rellenaba los panecillos apropiadamente cómo le habían pedido.
Marcel no parecía preocuparse por su apariencia, de su cara redonda y su baja estatura. La comida que vendía, llevando un delantal y una expresión tranquila, parecía deliciosa al ver cómo lo hacía. El muchacho también conocía la apariencia que tenía, por eso, estaba afuera en vez de dentro. Era un heredero prometedor.
-¿Después iréis al festival?
-Sí, sí.
-Pareces ocupado, Marcel.
Al escuchar las palabras de Silvia, Marcel sonrió amargamente mientras extendía la mostaza en el pan.
-Así están las cosas. Siempre hay trabajo, pero verás, una de las trabajadoras tiene la baja por maternidad. No tenemos suficiente gente… Tome, perdona la espera.
El pan del que Marcel hacía alarde y le entregó a un cliente estaba lleno de verduras y trozos de carne, parecía delicioso.
Cuando sus barriguitas empezaron a tener hambre, llegaron a la parte principal del festival y le dieron rienda suelta a sus deseos de querer llenarse.
-Este año no creo que pueda ir. Me pregunto si estará Anthony.
-¿Anthony?
-Sí, el padre de Anthony trabaja en la mansión del alcalde, así que seguramente estará bien informado sobre el progreso del festival. También debería conocer sitios para ver… Y, tomad. Invita la casa.
Chloe cogió los tres panecillos  como si nada que Marcel les daba con una sonrisa.
-Gracias.
-Chin-chin.
-¿Da igual, Marcel?
-No pasa nada, adelante. Pero, por favor, si es posible coméoslo cerca de la tienda. ¿Queréis algo para beber?
Latina ladeó la cabeza confusa, pero si el parecer del hijo prodigo estaba en lo cierto, para cuando las chicas se acabaran el pan delante de la tienda, ya habría una cola delante de la paradita.

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