Capítulo 75: Con la joven doncella plateada

Latina, que dispuso té delante de Gregor, bajó la cabeza y se disculpó.
-Siento mucho lo de antes.
Gregor pensó en esa jovencita que su amigo Dale mimaba, sin decir nada durante unos instantes.
-No, yo soy quién fue grosero. Sabes, últimamente Dale no ha parado de hablar de ti diciendo cosas como: “mi princesa hada es la más adorable del mundo”, así que se me escapó.
-Dale…
Gregor pensó que el aura enfadada que sentía, como la de un soberano, no pegaba con la apariencia encantadora de Latina.
Interesante…
Hasta entonces siempre había aguantado a su amigo presumir de su hija. Ver a la jovencita regañar a su amigo y verle exhausto también era una sensación nueva. Era algo que quería enseñarles a los soldados de la capital real que le tenían como a un héroe.
-El otro día, por fin le presumió a mi padre sobre ti.
Latina suspiró y volvió a la normalidad. Comprendió que enfadarse con Gregor no tenía sentido.
Rita, que había estado por los alrededores, miró a Latina divertida. La mujer sólo tenía una corazonada, pero creía saber quién era Gregor y por tanto, también había adivinado quién era su padre.
-Ese idiota… No discrimina nada…
Varias cosas habían pasado, pero si le hubieran dado la palabra a Dale habría dicho:
-¡Me he estado conteniendo durante más de cinco años!
Al parecer le dijeron que no hacía falta que se contuviera más. Una de las razones era que la hermana de Gregor había dado a luz por esas fechas y que el duque se volvió un abuelo devoto… Cosa que nadie había notado.
-Dale también me ha contado mucho de ti. Que eres el camarada en el que más confía… Encantada de conocerte, soy Latina. Perdona que me presente tan tarde.
-Yo soy Gregor Nakiri.
-Qué nombre tan raro.
-Es de los países del este.
Gregor no le había dado un nombre falso, pero a causa de la influencia de su apellido: “Eldishtett”, cuando estaba fuera solía usar el apellido de su madre. Latina no le cuestionó sobre esto, y meditó sobre el mundo del que le estaban hablando por primera vez sonriendo plácidamente. Gregor sonrió de corazón al ver que Dale no había exagerado sobre la belleza de la jovencita.
-Aunque es bastante inesperado.
-¿Eh?-Latina ladeó la cabeza perpleja y Gregor mostró una sonrisa astuta.
-Por lo que he oído de las historietas de Dale, imaginaba que serías una niña pequeña.
-¿Oh, sí?
-Aunque, ahora que lo pienso, han pasado muchos años desde la primera vez que me habló de ti… Está claro que has crecido.
-Dale… Todavía piensa en mí como en una chiquilla a la que tiene que vigilar.
Delante de Gregor que conocía Latina por primera vez, esta le mostró un rostro más formal de lo normal. Cuando lo hacía, la muchacha se sentía más mayor de lo que implicaba su edad. Siendo así, la inteligente Latina podía ocuparse de cualquier situación. El rostro que tenía cuando estaba en las nubes era la expresión que hacía que los demás creyeran que todavía era una niña, y en realidad, era su cara normal de cuando estaba relajada. Sin embargo, era normal que Gregor no conociese a Latina, a quién conocía por primera vez. Por tanto, Latina le dejó la impresión de ser una jovencita bien educada y muy madura para su edad.
Después del encuentro entre Rose y Gregor, Rose había vuelto a encerrar en su cuarto diciendo que todavía quería esperar un poco más. Y se obstinó en no salir con la cara llorosa. Al parecer, era algo que Rose no le dejaba ver ni a Gregor, así de orgullosa era. Por eso, Gregor estaba delante de Latina vaciando la taza de té. Hasta entonces, había corrido hasta allí, pero ahora que había comprobado que Rose estaba bien, empezaba a sentir la fatiga.
El té que le ofrecieron a Gregor parecía imposible que perteneciera a las partes bajas de la ciudad, y mucho menos, a un bar. No estaba mal. Naturalmente, había una gran diferencia en comparación al que solía tomar en la casa del duque. Sin embargo, que un dueño ofreciese tal producto era una prueba de haber experimentado. Allí había un chef habilidoso, eso es lo que pensó Gregor de inmediato.
La jovencita ante él era igual. Era una doncella tan bella que no quedaba bien en ningún bar de esas zonas de la ciudad. La razón por la que su amigo estaba tan obsesionado con ella era algo que él – no quería entender, no obstante, lo había comprendido. Esa chiquilla seguramente destacaría entre las princesas reales de la capital real. Su extraño cabello plateado brillaba y sólo con eso, atraía muchas más miradas que los accesorios de plata, oro o que cualquier joya. Aunque su apariencia era bella, emitía un sentimiento de ser una flor salvaje; dulce, suave y cálida. Cuán dulce sería si alguien como ella estuviera entre las conspiraciones de la corte real.
Pensando en ello, siempre lo ha dicho.
Según su amigo:
-Latina está… ¡No estoy suficientemente curado! ¡Me voy! ¡Tengo que volver con mi Latina lo antes posible!
Sentía que eso ya había pasado antes. Casi al final del trabajo, Dale solía murmurar el nombre de su hija adoptiva con una expresión alocada mientras afilaba la esada, pero… En realidad, sentía que esa silueta era algo que no debería recordar, pero bueno.
La eficacia en el trabajo en sí mismo, acabaría incrementándose hacia el final por su amigo. No es que Dale se escaquease ni nada, pero cuando se acercaba el final, se sobrepasaba para poder volver lo antes posible.
Dale era, originalmente alguien, incluso desde el punto de vista de Gregor – Gregor, una persona de poder absoluto, alguien de la casa de los Eldishtett con increíbles habilidades en el país – alguien elogiable. Incluso sin contar la extraña habilidad que permitía que le llamaran “héroe”, el dominio de Dale en la magia ofensiva y defensiva, además de su habilidad con la espada, su puntos fuertes en los combates flexibles, el ser capaz de reaccionar ante situaciones irregulares, hacían de él alguien merecedor de alabanzas en el país de Raband que fomentaba las artes marciales y la magia. Al principio, algunos nobles le desdeñaban por sus orígenes, sin embargo, Dale hizo desaparecer las burlas de la gente con sus resultados y sus formas perfectas. Las habilidades de Dale se debían, tal vez, a su odio a perder. Por eso era tan decepcionante que su amigo ahora tuviese semejantes excentricidades. No obstante, la tensión mental, rígida, que solía rodearle antes de que empezara a vivir con su hijastra, había desaparecido. Cuando no estaba peleando, parecía tener a su alrededor una presencia digna y tranquila flotando en el aire. Sus evaluaciones se incrementaron, y ahora, ya no había nadie en la capital real que no conociese a Dale Reki, como el hombre de confianza del duque. No era nada malo.
-¿Sabes algo sobre el trabajo de Dale?
-No. He oído que a veces el trabajo de Dale está relacionado con un secreto importante, por eso he decidido no preguntar.
Mientras hilaba sus pensamientos, recordó que esa chiquilla era de otra raza y preguntó eso. Al escuchar esa respuesta, Gregor decidió que era mejor no dejar que la jovencita escuchase asuntos de su trabajo.
No era un secreto que Dale tenía un contrato con la casa del duque ni que luchaba contra el señor demonio y sus subordinados. Sin embargo, si su amigo no le contaba los detalles de su trabajo a esta jovencita entonces, debía respetarlo. Después de todo, su trabajo no era muy distinto a masacrar a la gente de esa muchacha.
Precisamente, cuando Gregor y Latina dejaron de hablar, Dale entró a la tienda, después de haber limpiado su dormitorio.
-Perdona la espera, Gregor. Estaremos apretados pero vamos a escuchar la historia de Rose en mi habitación.
Como a Latina – a quién le gustaban las cosas limpias – limpiaba a menudo, no habían cosas por el suelo ni por todos sitios, pero tal y como cabía esperarse, habían cosas por ahí que permitían que la gente supiera que alguien vivía allí. Dale había estado apartando esas cosas.
-No has sido grosera, ¿a qué no?
Esas eran las palabras de un padre, no obstante, Gregor se dio la vuelta sin perturbarse.
-¿Qué harías si lo hubiese sido?
-Seguramente pensaría que tú has hecho algo malo.
-Eso pensaba.
Delante de Gregor, Dale se giró hacia Latina.
-Latina, ¿puedes ir a llamar a Rose?
-Vale. ¿Os llevo té después? ¿Podéis esperar hasta entonces?
-Sí, puede hacerse largo… Gracias.
-Vale.
Con ese mero intercambio se podía adivinar que ambos eran cercanos. Dale notó que Gregor sonreía sin darse cuenta.
-¿A qué le sonríes?
-No... Sólo pensaba que aunque eres tú quién la ha criado, se ha vuelto toda una señorita.
-¡¿Hasta tú dices eso?!
Al parecer, las palabras que dijo Gregor, medio escondiendo su vergüenza, tocaron el botón de su amigo. 

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