Capítulo 72: Jugando con la bola gris de pelo

Por todo Kroix había un ambiente ocupado porque el festival nocturno de Ahmar se acercaba. Era un festival que Kroix dirigía. Todas las tiendas ya se preparaban para todos los viajeros que iban por el festival. Junto con ellos, el número de aventureros que iban a proteger a los mercaderes también había crecido y así, el Ocelote Bailarín estaba más ocupado de lo normal.
-Hermanita Latina
-¿Sí, Theo?
-Jugar.
A pesar de que Theo había entrado al Ocelote desde la parte trasera especialmente para decirle eso, Latina parecía preocupada. En aquel momento, estaba doblando el montón de sábanas que usaba el Ocelote. La colada era un trabajo extremadamente laborioso y no se podía hacer más fácil con la ayuda de la magia, por eso, la muchacha solía lavar personalmente los objetos más pequeños como la ropa pero las cosas grandes se dejaban a cargo de alguien especializado. Latina estaba a punto de ir a ver a ese alguien.
-Perdona, Theo. Ahora mismo no puedo.
Había tantas sábanas que si perdía la concentración, se le caerían. Era una tarea que Rita no podía hacer y solía ser algo de lo que Kenneth se ocupaba, pero como Latina era capaz de cambiar el peso de las sábanas con magia, en esos momentos cargaba con una pila de colada en sus bracitos.
-Jugar.
-Lo siento. Jugaré contigo cuando acabe la colada. Espera un poquito, ¿vale?
Theo infló las mejillas cuando Latina le dijo eso.
Esa carita de Theo es tan mona…
Latina no se daba cuenta que Theo copiaba a su querida hermana mayor, y a pesar de estar ocupada, relajó su expresión.
-¡No! ¡Jugar!
-T-Theo, eso es peligro-…
Sin embargo, en el mismo instante en el que Latina dejó escapar una voz de sorpresa, Theo montó una pataleta y se colgó de su delantal pero de repente, su peso desapareció.
-¡Suelta!
Wind tenía el cuello de Theo en la boca, y luchaba contra su pataleta. Wind posicionó la boca soberbiamente por lo que Theo no podía deshacerse de su agarre, y al parecer, esta acción era algo normal para ellos.
-Wind.
La bestia movió la cola mientras parecía decirle: “venga, vete deprisa”. Latina le miró con alivio y volvió a dirigirse a Theo una vez más.
-Perdona, Theo. Cuando vuelva jugaré contigo.
-¡No…!
La moza se marchó con la colada en los brazos, de mala gana.
Cuando ya no se veía a Latina, Wind por fin dejó caer a Theo en el suelo. Theo no lloraba a pesar de que era una forma, relativamente, dura de soltarle.
-Hermanita…
Se levantó e intentó perseguir a Latina siguiéndola por la dirección por la que se había marchado. Wind le detuvo con cuidado antes de eso.
-¡Wi, en medio!
-Wafu.
Aunque intentó rodear a Wind, Wind le paró con su cuerpo. Wind no dejó de hacerlo por mucho que Theo inflase las mejillas y estuviese mohíno.
Después de todo, para él, su mayor interés era que Latina no tuviese que enfrentarse a ningún inconveniente. Hasta su decisión de cuidar de Theo se debía a que Latina le encontraba adorable. Si le pasaba algo a ese bebé, Latina estaría triste, y eso no iba a pasar. Por eso, no iba a permitir que ese niñito montase una escena.
-Uh…
Theo empezó a gemir descontento, pero no lloró. El niño se parecía a su madre. Tenía el pelo negro y suave, una característica de los niños. Sin embargo, no estaba claro de quién había heredado la personalidad. Los dos de la pareja eran de voluntad firme. Rita era fácil de entender, pero Kenneth también tenía su noséqué. Después de todo, muchos aventureros importantes que visitaban el Ocelote reconocían a Kenneth como su superior. Theo, quién continuaría el legado de sus padres, no torcía la cara en agonía ni lloraba cuando se enfrentaba a un obstáculo como este.
El niño se giró hacia Wind, para atacarle. De repente, al cruzarse, perdió el equilibrio y tropezó con las patas delanteras de Wind. Como cabía esperarse, se llenó de lágrimas.
Wind estaba más agraviado por sentir el cacho de carne sobre su espalda. Odiaba su simple tacto, imaginaos lo que odiaba tenerlo encima.
Wind no interfirió cuando Theo intentó levantarse y volvió a la carga. Wind era un contrincante muy por encima de su nivel. Su juego siempre les hacía terminar sucios.
Theo olvidó su propósito inicial y retó a Wind, entonces, Dale apareció.
-¿Qué estáis haciendo, chicos?
-Wafu.
-Dale.
Ambos respondieron a sus palabras. Aunque Theodore llamaba a Latina: “hermanita”, a Dale lo llamaba sin formalidad alguna por alguna razón. Dale estaba estupefacto; era comprensible.
-¿Estás jugando con Wind?
-¡Yo vencer Wii, no!
-¿No es difícil para ti, Theo?
-Wafuu.
Aunque seguía siendo una cría, Wind era una bestia mística, y por tanto, era mucho más fuerte que varias bestias mágicas. Era inconcebible que un infante pudiera ser su adversario. Parecía que Wind, con una leve mueca, estaba de acuerdo con esto.
-¡Yo puedo, jo!
-Creo que va a ser difícil…
Dale se encogió de hombros al escuchar a Theodore insistir en ello, y cogió el palo a su lado. Lo meneó una vez para comprobar su condición y miró a Wind.
-¿Wind, quieres?
-¡Wan!
En cuánto respondió, la bestia brincó hacia Dale mientras él le esquivaba sin pánico alguno. Wind aterrizó en el suelo, arregló su postura y en ese instante, volvió a saltar adelante.
Dale lo esquivó moviendo sólo la parte de arriba de su cuerpo, y entonces, se cambió el palo de mano. Wind se agachó y el ataque de Dale no le dio. Theodore estaba boquiabierto al ver los mareantes movimientos ofensivos y defensivos, y continuó mirándoles.
Wind todavía era un cachorro, no era adversario para Dale, por eso para Wind, Dale era un compañero de juegos a quien quería superar.
-¿Wii más fuerte que Dale?
-¿Tú crees, Theo?
A veces, Wind conseguía atacar a Dale en los brazos, sin embargo, el palo de Dale jamás tocaba a Wind. La razón era porque ninguno de los dos lo daba todo. Técnicamente, estaban jugando después de todo.
Si fueran en serio, se acabarían calentando y alguien acabaría saliendo herido. Seguramente no sería una herida grave, lo suficiente al menos, para amenazar la vida, pero ni al hombre ni a la bestia les importaba.
Si Latina se enterase de que se habían hecho daño, seguramente les regañaría. Les haría sentarse el uno al lado del otro en seiza, con las manos en la cintura y les metería bronca; y quizás, si se enfadaba, no les hablaría durante un rato. Cosa que ambos querían evitar a toda costa.
Dale jugó un rato con Wind – aunque el animal entendía lo que estaba ocurriendo, no podía ir de buenas siempre. Desestresarse era importante – y esta vez, miró a Theo.
-Theo, no le des a la gente con palos, ¿vale?
-¿Malo?
-Si te pegan, duele, ¿verdad? ¿Si le hicieras daño a alguien, no querría devolvértelo? – Dale le avisó cuando vio que Theodore empezaba a copiarle y a mover el palo por ahí, como cabía esperarse de un chico.-Cuando crezcas un poco más, quizás te enseñe a usar la espada.
Mientras Dale decía eso, pensó sobre si ese deber no recaía sobre Kenneth, el padre de Theo. Sin embargo, también pensó que para un niñito como Theo usar el hacha para empezar de repente sería demasiado difícil.
Kenneth no sólo sabía usar el hacha, pero era lo que más furor causaba. Dale no podía imaginarse a Kenneth usando una espada. No iba con él.
Delante de Dale que estaba mirándole con cuidado, la cola del cachorro gris le tiró el palo al niño, y este volvió a caerse al suelo. 

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