Capítulo 71: Petición para la princesa rosada

Desde entonces, Rose empezó a vivir en una de las habitaciones del Ocelote. La razón por la que apenas salía de su habitación era, seguramente, porque entendía su posición actual, y aunque a veces salía, siempre lo hacía con su peluca.
A causa de vivir así, ni siquiera podía usar los baños[1], por eso se decidió que se bañase en la parte trasera del Ocelote donde Wind vigilaba la puerta por órdenes de Latina.
Rose no estaba incómoda ni en ese caso, pero tal y como era de esperar, en vez de tomarse la molestia de ponerse una peluca encima del pelo mojado, prefería presumir de su larga melena rosada cuando se lo secaba.
Rose intentaba estar en algún sitio donde nadie pudiera verla cuando se secaba el pelo. Solía hacerlo en la cocina, pero acabó haciéndolo en la habitación de Dale, en el ático, porque Latina le pidió a Rose, una gran maga, que le enseñase.
Parecía que Rose también estaba aburrida esos días, sin nada que hacer excepto esconderse, y enseñar a una estudiante tan seria como Latina le apasionaba más y más. En otras palabras, a pesar de su apariencia, Rose era una espartana.
Sinceramente, hasta entonces, Latina jamás había estudiado en un ambiente que no fuera tranquilo. Desde antes de entrar en la escuela, Dale había sido quien le había enseñado magia tranquilamente, al igual que el resto de sus profesores. En comparación con eso, Rose era dura. No era irrazonablemente dura, pero como alguien con una gran fuerza combativa y magia, era muy disciplinada con ella misma y con los otros.
-Sí… Parece que la teoría básica la llevas bien, Latina.
Latina se sentó erguida, justo delante de Rose que estaba repasando el informe que le había hecho escribir el día antes. La muchacha no se sentía incómoda, pero el ambiente que la rodeaba le hizo tener la espalda derecha. Normalmente, el aura de Rose era amistosa y tranquila, pero no en ese caso. Así de seria era con respecto a la magia.
-Aunque eres de la raza demonio, Latina, te fuiste del pueblo cuando eras muy pequeña, ¿verdad? A pesar de eso, siento que comprendes muy bien palabras y frases difíciles.
-¿Ah, sí? Supongo que es… porque los adultos a mi alrededor… ¿Usan muchas palabras difíciles?
A pesar de eso, en comparación a cuando Latina había llegado, su vocabulario se había deteriorado a palabras más simples. Rose era tolerante y Latina tenía una personalidad amistosa. En vez de amigas, su relación era más fraternal; Latina confiaba en Rose y esta, la cuidaba encantada. La diferencia absoluta entre Rose y Dale era que cuando Rose se ponía seria, era de verdad.
Bueno, por eso mismo se llevaban bien.
-Parece que no conoces muchos hechizos ofensivos.
-Sí.
Dale… Bueno, me dijo que eran peligrosos y que no tenía por qué aprenderlos.
-Para la gente como nosotras, que tenemos una fuerza superior a la del resto, la magia es nuestro mejor método de autodefensa. Si la usamos mal puede convertirse en un poder peligroso, pero por eso mismo es importante conocerlo a fondo y entender cómo dominarlo.
La razón por la que Rose era una gran maestra para Latina, era que ambas poseían los atributos de la oscuridad y lo sagrado, lo que significaba que su magia era la misma.
-Cómo tu control de la magia también es excelente, ¿no crees que si incrementaras la cantidad de hechizos entre los que poder escoger según la situación, te sería más fácil evitar peligros?
-Sí.-Seria, contestó con expresión serena, seguramente era su personalidad innata la que la hacían parecer encantadora.
En medio de todo esto, hasta que Latina le pidió a Rose que le enseñase, todo lo que le habían enseñado era magia de purificación – en otras palabras, la magia sagrada que trataba con los no muertos. Como era algo que a Latina le daba miedo desde pequeña, no se sentía cómoda con esos monstruos.
Como Dale no tenía el atributo sagrado, no podía usar magia de purificación. La magia que usaba contra los no muertos era, básicamente, hechizar sus ataques físicos con magia oscura.
-Creo que si eres tú quien lo hace, Latina, serás capaz de aumentar el alcance del hechizo por mucho con sólo lanzarlo una vez.
-¿Tú crees? Me esforzaré al máximo por aprenderlo.
Por el bien de superar sus miedos, Latina se esforzó practicando el hechizo.
-Dime, Latina.
-¿Sí?
Dale que la había estado mirando, abrió la boca dudoso, una noche en la cena.
-Estás aprendiendo magia con mucho entusiasmo… No querrás ser una aventurera de mayor, ¿no?
Él se sentía ansioso. No se podía decir que la muchacha fuese una maga excelente todavía, pero Dale podía ver que su habilidad superaba lo normal.  Tenía la suficiente habilidad como para trabajar de aventurera. Sin embargo, él no quería que ella trabajase de algo tan inestable y peligroso. Seguramente, no quería que lo hiciera como padre que era.
-¿Eh? Mmm… Creo que estaría bien, ya sabes, tener una tienda como el Ocelote. Pero, ¿sabes? Creo que me voy a volver a ir de viaje. Quiero pasear por todos sitios, por todas esas ciudades desconocidas… Y volver a ver a la abuelita y Maaya-chan.
Dale sintió un alivio momentáneo por su respuesta.
-Sabes, hace tiempo quería ir contigo a hacer trabajos.
-¿Eh?
Al escuchar a Latina hablar de esa forma con una sonrisa algo preocupada en sus labios, Dale, se sorprendió.
-Odiaba quedarme en casa… Pensaba que si podía ir contigo no tendría que quedarme en casa.-Dijo Latina entre risas.
Dale parecía cabizbajo al comprender que le había hecho tolerar eso desde que era pequeña.
-Perdona…
-No, no quería molestarte, Dale.-Después de intentar evitar la situación con uan sonrisa, Latina volvió a ponerse inesperadamente seria.-Sin embargo, ¿sabes? Cuando crecí me di cuenta que era imposible.
-¿Eh?
-Si fuera contigo yo sólo… sólo sería una molestia, por eso, decidí quedarme en casa.
-Eres una maga espléndida, ¿sabes, Latina? No tienes que ser tan modesta…
Aunque Dale no quería que ella fuera una aventurera ni nada por el estilo, la razón por la que había mencionado lo contrario era porque no quería que la muchacha se menospreciase tanto.  Quería que se valorase, sobre todo, como alguien importante.
-No. Es porque comprendí que Dale es increíble. No tengo tanto poder mágico… no tengo el suficiente para proteger a Dale. Además, creo que si estuviéramos en una situación peliaguda, Dale se preocuparía más por mí que por él.
-Bueno, eso es obvio.-Respondió él de inmediato.
Latina sonrió al ver lo predecible que era su tutor.
-¿Ves? Por eso no puedo ayudarte con el trabajo, Dale.
Dale comprendió que la había hecho sentir sola y la había hecho esperar, no obstante, como esa chiquilla era tan inteligente y comprensiva desde pequeña, él había tenido tendencia a pasarlo por alto.
-Creía que lo entendías, Latina…
-¿Mmm?
-Me hacía súper feliz que vinieras a recibirme diciéndome: “bienvenido a casa”, ¿sabes?
Latina, sorprendida por sus palabras, sonrió con alivio.
-Mmm… Es verdad. Es importante que en algún sitio te digan: “bienvenido a casa”, ¿verdad?
-Sí. Por eso me has sido de gran ayuda…
Aunque le aliviaba la expresión alegre de Latina, en un rincón de su corazón, Dale pensó:
Esta  niña… ha visto muchas cosas…
A pesar de eso, su padre suspiró pensando:
Y aun así, ¿por qué no cuida mejor de sí misma…?



[1] “…ni siquiera podía usar los baños”: en Japón es muy común ir a las “casas de baño”. Son establecimientos donde por un precio razonable puedes disfrutar de un buen baño. 

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