Capítulo 67: Con la bola gris de pelo

Cuando Latina se marchó para hacer las compras, Kenneth empezó a balancearse de un lado al otro para tranquilizar a su hijo, que estaba batallando y removiéndose en sus brazos.
Desde que Theo era un bebé, siempre había seguido las órdenes de Latina, que para él era como una hermana mayor amable y paciente, y eso hacía que Kenneth, el padre, se sintiera algo raro.
A los pies de Latina un enorme perro gris meneaba la cola, siguiéndola. Llevaba unas ropitas que Latina le había hecho, y por aquellos lares se habían hecho bastante famosos, aunque todo el mundo ya estaba acostumbrado.
Hace, más o menos, un año, cuando ese perro apareció en Kroix, causó un gran alboroto – bueno, por supuesto que se armó un gran alboroto cuando apareció semejante bestia mística.
Cuando los porteros y los soldados investigaron qué había pasado al día siguiente, al parecer, se había colado por un hoyo en los muros de la ciudad por el que ninguna bestia adulta podría haber pasado. No fue para tanto, pero se decidió que debían arreglarlo, y no tuvieron otra alternativa a tenerse que juntar.
Aunque el cachorro llegó muy temprano, cuando apenas había gente por las calles, no perdió el rastro y se las apañó para llegar al Ocelote Bailarín sin causar ninguna conmoción fuera, y, apareció de repente, cuando habían unos cuantos clientes en la tienda.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás aquí?
Sin que le importase la precaución que los aventureros ejercían, Latina fue a abrazar la bestia gris y le preguntó eso ladeando la cabeza.
-¡Niñita! ¡Aparta!-Gritó con agonía una silueta destacablemente poderosa entre los clientes regulares, el veterano Gilbester, pero Latina sacudió la cabeza a los clientes con las armas en las manos.
-Eh, veréis. Este niño es mi amigo. Seguramente ha venido a verme.
-A-Amigo… ¿Niñita…?
-Latina, seguir, olor.-Los clientes se sobresaltaron al escuchar a la bestia mística decir el nombre de la muchacha.-Perseguir olor. Llegar aquí.
-¿Has venido de las montañas? ¿Has venido solo? ¿No estarán preocupados? ¿No pasa nada?
Aunque nadie creía que ese fuera el problema. Los clientes dejaron de comentar lo que ocurría con Latina, quien se estaba tomando su tiempo con todos los ojos centrados en ella, mirándola incapaces de tragar saliva.
-No pasa nada. Venir a Latina. Vale ellos decir.
-Ya veo… Bueno, pues, no pasa nada.
Todos dudaban que no fuera a pasar nada.
Latina no notó que el sudor frío de los enormes hombres. Con una mueca, Gilbester se giró hacia Kenneth, que por fin había salido de la cocina.
-Kenneth,e so…
-Ah, sí, Dale ya me contó que Latina había domado a una manada de Lobos del Altísimo que vivía cerca de su pueblo…
-¡¿Qué diablos dices que ha hecho la chiquilla?!
Tal y como cabía esperarse, hasta un aventurero experto que ha pasado por cientos de batallas, se sorprendió. Su voz se quebró un poco.
-Como sea, esos lobos del Altísimo…
-Sí, no está bien.
Gilbester y Kenneth se asintieron mutuamente.
Los Lobos del Altísimo vivían en manada, y eran seres con un fuerte sentido de la camaradería. Un simple cachorro no merecía ni mención, sin embargo, si se le trataba mal, entonces era imposible negar la posibilidad de que toda la manada apareciera en busca de venganza. Además, ese cachorro parecía haberles dicho a dónde se dirigía. Si ese pequeño había conseguido llegar con algo tan vago como el aroma de Latina, entonces, los otros también debían ser capaces de hacer lo mismo.
-Pero, venir hasta Kroix es un viaje muy largo, ¿no?
-Kroix no lejos. Un sueño, llegar.
Al parecer no estaba tan lejos. La distancia para los que viajaban por tierra llevaba un mes de viaje, sin embargo, para aquellas especies dotadas con la habilidad del cielo, como los lobos del Altísimo que podían volar, parecía que la distancia apenas era de dos días y una noche. Además, era un cachorro. El tiempo que podía tardar un lobo adulto era incalculable. Encima de eso, era imposible que hubiese aroma alguno por ningún camino; debía tratarse de una de las habilidades con las que las bestias místicas se orientaban mágicamente.
Kenneth y Gilbester se volvieron a mirar y contemplaron.
-Parece que está loco perdido por la chiquilla.
La criatura que movía la cola y a la que Latina rascaba la cabeza no parecía ser muy diferente a los perros que solían domesticar.
-Le preguntaré a Dale, pero… Creo que bajo la custodia de Latina será menos peligroso.
La expresión de Gilbester se tornó más amarga al escuchar las palabras de Kenneth, pero no podía refutarlas.
-Le preguntaré a los demás sobre ello…
Poco después, Gilbester es el que pareció cerrar el pico.
-¡Reunión de emergencia! ¡Pásalo!-Les gritó Gilbester a unos aventureros a su lado quienes parecieron entenderle.
Los clientes del establecimiento, pasaron las palabras a la gente adecuada de por ahí.
¿Qué clase de reunión será? Tal vez no deba comentar nada…-Pensó Kenneth.
Entretanto todo esto ocurría, delante de Dale que acababa de terminar de trabajar y llegaba a casa, había una bestia vestida con ropa y su adorable hijastra.
-Bienvenido, Dale.
-Wan.
La sonrisa de Latina era adorable, pero el “wan” pareció muy forzado.
-¿La-Latina…?
-¿Mmm?
-Eso…
-Ah, bueno, verás. Es un perro. ¡Debido a ciertas circunstancias es un perro!
-Wan.
-¿Eh? ¿Qué…?
Dale miró a Kenneth preocupado, como si buscase ayuda, pero su fuerte figura fraternal asintió.
-Eso se ha convertido en perro. Es un perro.
-Wan.
-Hey…
-Si es un perro, entonces no será raro que crezca en la ciudad. Por eso, es un perro.
En algún rincón de su mente, entre los dos que insistían en apartar la vista de la realidad, Dale pensó:
¿O sea, que aunque te enfadaste porque lo llamé “bestia”, no pasa nada si lo llamo “perro”?
Aunque al principio hubo ciertos estragos, cuando las cosas se calmaron, todo el mundo se acostumbró a ello.
Además, el título de “bestia mística” que tenía la criatura venía junto con su extremada inteligencia.
No hubo necesidad de entrenarle. Cuando Latina le enseñó varias reglas, las recordó de inmediato. A parte de darle de comer y dejarle un sitio para dormir, Latina no tenía que hacer demasiado y en cuánto a las cosas físicas como acariciar o cepillar, Latina estaba más que encantada de hacerlo.
No sólo eso, la bestia incluso cuidaba a Theo. Al parecer, como era un animal que vivía en manadas, era muy servicial a la hora de cuidar de cosas pequeñas, y su deber más importante, era ser el guardaespaldas de Latina.
Latina había cumplido catorce años. Era una muchachita que, a pesar de haber sido hermosa desde pequeña, todavía lo era más ahora que crecía. Su cuerpo, aún inmaduro, seguía siendo algo infantil en comparación con las otras chicas de su edad y, tal vez esa fuera la razón por la que su apariencia no iba con la expresión: “chica hermosa”. Precisamente porque no parecía adulta, no tenía ese tipo de encanto. Sus expresiones faciales se volvieron algo más maduras, y su belleza no se limitaba a ser “adorable” sino que se iba a aproximando a ser “hermosa”.
En Raband, uno era adulto a los dieciocho, sin embargo, entre los nobles o en los pueblos, no era extraño que las chicas se casaran a los quince. En una ciudad como la de Kroix, la edad legal para casarse era un poco más alta, pero no era así para todo el mundo. Lo que significaba que Latina ya estaba en la edad en la que se la miraba de esa forma. No obstante, ella misma no era consciente del peligro al que se enfrentaba.
Su devoto padre, Dale, la protegía como si la enrollase en seda. Incluso en el Ocelote Bailarín, donde solía estar, Kenneth, los aventureros y los grandes cargos del ejército también solían vigilarla y ejercer su autoridad por ella. Si alguien intentaba tirar alguna ficha en una situación como esa, seguramente era alguien con pocas ganas de vivir. Por eso, Latina había llegado a no verse como “una chica guapa”.
-Después de todo, Dale siempre dice que soy “mona”.-Se burlaba de ello de esta forma. Como su padrastro lo decía tantas veces en sus conversaciones diarias, ella no se daba cuenta de que era la verdad.-Mis amigas hablan de chicos, pero nunca he sido cercana a ningún chico en ese sentido. Sólo somos amigos, ¿sabes?
Era ingenua y pura, y cuando los jóvenes aventureros intentaban algo con ella, o tenían su interés por ella plasmado en la cara, acababan tan asustados de todos sus guardianes que les paraban en el patio que terminaban contentándose con hablar con ella un poco.  Así que era verdad que jamás nadie del sexo contrario la había cortejado.
Si tuviéramos que decir si era o no popular con el sexo opuesto, entonces, tendríamos que decir que no lo era, aunque ella no se percataba que era porque la veían como una flor inalcanzable.
Los poderes divinos de sus guardianes abarcaban casi toda la ciudad de Kroix, pero no era perfecto. Por lo que no podían evitar estar constantemente preocupados por el peligro que podría encontrarse. Sobre todo su padre devoto.
-Si le pasa algo a Latina, haré que quieras morirte, y no acabaré ahí…
La rutina diaria de Dale se había convertido en amenazar a los jóvenes aventureros que iban al Ocelote con esas palabras y una gran sonrisa. Sin embargo, no era suficiente.
-¡Es que, en serio, Latina es tan, tan, tan jodidamente adorable! ¡Me preocupa mucho que de repente se le acerque algún mal bicho!
Rita, que solía ignorar a Dale, le dio la razón.
-Es verdad. Latina es… En vez de decir que no es muy despierta, es más como que tiene un lado reservado, y me preocupa.
-¡¿A qué sí?! ¡Aunque ese lado suyo también es adorable!
Al parecer todos sus guardianes, y una bestia, sentían lo mismo al respecto.
-Latina ir juntos.
-¿Sí? Gracias por venir siempre conmigo.
Como le ayudaba a hacer las compras, Latina pensaba en él como en un asistente. Sin embargo, para el resto era un vigía, su guardaespaldas.


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