Capítulo 56: Peludita

-Kenneth, he traído pescado y especias de Cuvare.
-Pescado… ¿Pescado fresco? ¿No seco?
Kenneth pareció sorprendido después de revisar la bolsa que le dio Latina. Aunque no se podía decir que era la definición de “pescado fresco”, había un enorme pescado normal dentro de una caja de hielo.
-También tengo sobras de pescado seco.
-No, no es eso.
Latina le enseñó otra bolsa con una expresión de curiosidad. Envuelto dentro, había las sobras de un pescado seco que habían comido durante el viaje.
-Latina me preguntó cómo se transportaba el pescado a Kroix desde el puerto-Dale tenía una apariencia resignada mientras contestaba.
-Es igual que la herramienta mágica que usamos en la tienda, ¿a que sí? No puedo usar magia de agua, pero no pasa nada, porque se lo pedí a Dale.
Tanto Kenneth como Rita estaban atónitos, al igual que Dale, que sacudía la cabeza sutilmente.
-No, yo solo no habría podido hacerlo. Ningún mago normal habría podido. Latina fue manteniendo la magia de hielo que había hecho constantemente, desde Cuvare hasta Kroix.
-Pero tuve que pedirte que volvieras a hacer el hielo muchas veces…
Latina, con la cabeza inclinada, no parecía darse cuenta de la cosa tan fuera de serie que había hecho. Como siempre, destacaba en el control de la magia.
-Normalmente, se suele usar una herramienta mágica para hacer este tipo de mantenimiento…
Para usar una cantidad de poder continua y constante, se precisaba concentración y técnica, y ambas cosas parecían fáciles de hacer para esa jovencita.
-Hasta la comida que comimos en Cuvare estaba buenísima. ¡Pero quiero comer el pescado que hace Kenneth!
-Siendo así, a lo mejor uso esto para la cena.-Había muchas cosas que quería decir, pero si lo hiciera, seguramente tendría que esforzarse todavía más por ser su “maestro”.
-También tenemos carne de jabalí.
-¿Jabalí?
-¿Jabalí…?
Rita se dio la vuelta hacia el montón de carne seca y salada que sacó Latina con una expresión poco habitual y Kenneth frunció el ceño.  Como en Kroix no habían colinas, hasta las enormes bestias mágicas de los bosques y tal, se limitaban a la variedad de animales normales.
-¿Dale, esto es jabalí? ¿Esto?
-Sí, lo llaman “monstruo jabalí”. Es una bestia mágica bastante corriente en mi casa.
Kenneth miraba dudoso el enorme pedazo de carne, cambió su expresión y asintió ante la respuesta de Dale. Si no fuera un jabalí, sería un tamaño bastante extraño.
-Lo conseguí en casa de Josef.
-Mmm… Tu pariente… ¿Ese hombrebestia de sangre mixta?
-Sí.
Kenneth había sido un guardaespaldas para un grupo de mercaderes que iban a Tisroh. La abuela Wenn le había escudriñado y decidido que él estaría a cargo de cuidar al nuevo, a Dale. También conocía bastante bien el pueblo de los hombresbestia, que estaba por el camino.
-Sabéis, Latina se hizo amiga de Maaya. ¡Era adorable!
-Qué bien.
-Y, ¿sabéis? ¡Era muy peludita!
La expresión de Dale se oscureció un poco en contraste con la felicidad de Latina.
-¿Pasa algo…?
-No… Si te divertiste, no pasa nada.
Mirando a lo lejos, Dale recordó lo que había ocurrido en el pueblo de los hombresbestia.

Después de partir de Tisroh, viajaron por el mismo camino por el que vinieron, los dos volvieron a pasar por el pueblo de los hombresbestia. Latina estaba extremadamente contenta caminando por el bosque camino a al pueblo.
-Me pregunto si Maaya se habrá olvidado de mí… Ay, ay…-Pensando, se detuvo y miró ansiosamente a Dale.
-Mmm. Claro que no. Sois muy amigas.
-Claro.
Al saltar arriba y abajo felizmente como un conejo, su lazo no dejó de sacudirse. Ese lazo era su favorito por el momento y se lo había dado la abuela Wenn.
Mientras estaban en Tisroh, había llegado el principio del verano. Aún no se notaba el calor de las verdes tierras. Avanzaron por los bosques cuyas horas eran de un color más profundo. Y al final del todo, por fin, llegaron al modesto pueblecito, Latina dejó escapar un gritó de júbilo.
-¡Es el pueblo!
-No corras tanto.
Justo antes de que Latina saliera corriendo, él consiguió advertirla y ambos entraron, lado a lado, al pueblo de los hombrebestia.
-Josef, perdona, vamos a volver a-…
-¡¡Atia…!!
Dale sólo pudo decir la mitad de lo que pretendía. Tan sólo le había dedicado unas pocas palabras a Josef que había abierto la puerta para recibirles, cuando una bala negra y peluda llegó hasta ellos.
-¡Maaya!
Maaya miró con desprecio a Josef, que intentó cogerla en un ataque de pánico, se dirigió a una apertura y pasó por debajo de sus piernas y el peludito abrigo veraniego voló hacia Latina.
Sin embargo…
-¡Oh, no! ¡No…!
Dale consiguió atraparla a tiempo. Por muy joven que fuera, si hubiese saltado encima de Latina con tanta fuerza, seguramente se habrían caído. Era imposible que Latina, con su delicado cuerpecito, fuera capaz de recibir semejante poderosa bala bebé.
-¡Atia, Atia!-Maaya golpeó a los brazos de Dale violentamente. Al parecer, no le gustaba estar ahí.-¡No…!
-¡Ay!
Maaya le dio un cabezazo en la barbilla a Dale. Hasta un experto en peleas como Dale, que entrenaba a diario, dejaría escapar un grito cuando si le daban en su punto débil, fuese lo joven que fuera.
-¡Atia!
-¡Maaya!
Aunque Dale estaba temblando un poco, fue capaz de entregarle a Latina  la pequeña Maaya a salvo, sin tirarla. Al principio, Latina estaba preocupada y miró a Dale ansiosamente, pero al ver la sonrisa de él, la joven enterró el rostro en el suave pelaje de Maaya y la abrazó. Por supuesto, la sonrisa de Dale era falsa. No dolía hasta el punto de tener que usar magia curativa, pero dolía bastante.
-A Maaya le gusta esa chiquilla, eh…
La voz de Josef tenía una pizca de dolor. Sonaba como la voz de un padre apenado después de que le roben su lugar al lado de su queridísima hija.
-¡Atia…!
Maaya, a quien Latina abrazaba felizmente, inclinó la cabeza como si hubiese notado algo de repente.
-¿Atia?
Su naricilla se movió inquieta. Parecía estar oliendo el aroma de Latina ansiosamente. Instantes más tarde, la expresión de Maaya se volvió severa.
-¿Maaya?
-¿Qué pasa?
-¿Oh?
Hasta Dale, que no podía diferenciar las expresiones faciales de los hombresbestia, notó que el ambiente entre ellas se había vuelto severo. Josef se inclinó un poco y entonces, se posó la mano en la barbilla.
-Dale. ¿Os habéis… encontrado con alguna bestia grande?
-¿Eh?
Cuando Dale le pidió a Josef que repitiese sus palabras, Maaya llegó a una conclusión respecto la esencia de Latina y chilló infeliz.
-¡No…!
-¿Maaya?
Sin que le importase lo sorprendida que estaba Latina, Maaya empezó a frotarse contra el cuerpo de Latina con todas sus fuerzas.
Definitivamente, lo hizo con fuerza.
-¡¿Eh?!
Apoyándose sobre Latina que se cayó de la sorpresa, la bebé estaba llevando a cabo una acción que sólo podía identificarse como: “dejar su marca”. Los ojos de Latina miraron hacia todos lados, como si la hubiesen zarandeado. Parecían decir que no tenían ni idea de cómo encargarse de esa situación.
-Eh… ¿Qué pasa aquí?
-Como ya he dicho, seguramente os habéis encontrado con alguna bestia grande, ¿a que sí? De alguna forma olemos, o mejor dicho, sentimos esas presencias. Bueno, aunque no sé muy bien cómo.
-Oh… ¿Y eso qué tiene que ver con esto?
-Cómo explicarlo… Ya sabes, para resumir… Es como cuando descubres que tu novia está teniendo una aventura…
-¿Una aventura?
-Es sólo un ejemplo.
Dale resumió todo lo que había Latina – domar a todos los perros de Tisroh, e incluso hacer que bestias místicas cayeran a sus pies – y Josef, al escuchar eso, pareció desconcertado antes de asentir.
-Eso es.
-Como pensaba.
Básicamente, Maaya estaba molesta de que Latina tuviese el aroma de alguien más en ella. La pequeña incluso fue capaz de sentir instintivamente de que no se trataba sólo de criaturas más débiles que ella, y eso la irritó todavía más.
Maaya, aún en brazos de Latina que estaba sentada sorprendida, exhaló aire con alegría y pareció haber conseguido algo. 

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