Historieta secundaria: Especial de Navidad

El último día del año se llamaba: “La noche sagrada”.
La noche sagrada era cuando los más seres queridos más cercanos y los familiares hacían un banquete y daban la bienvenida al año nuevo mientras recordaban el año pasado. Se decía que los apóstoles de Ahmar, vestidos de rojo, visitaban a aquellos que se habían esforzado por ser buenos y les bendecían con felicidad.
Para evitar que las cosas terribles no entraran en las casas, se colgaba un amuleto de los templos en las puertas. Al principio, eran simples plantas atadas en un círculo, sin embargo, los ornamentos decorativos se volvieron más y más extravagantes cada año, y así, se volvió todo más espectacular.
También era una costumbre con muchos misterios, como por ejemplo, el por qué se creó tal tradición y se extendió tanto.
Y en esos momentos, en la noche sagrada estaba pasado otra cosa.
-No deberías salir la noche sagrada porque, sólo durante esa noche las bestias mágicas entran a las ciudades.
-¿Los monstruos entran también a Kroix?-Latina miró a Dale asustada.
Para empezar, sin contar los animales salvajes y los insectos, las bestias mágicas se consideraban seres vivos y a las substancias no-muertas e inorgánicas se las llamaban monstruos.
-¿A tu pueblo no iban, Latina…? Bueno, en mi pueblo natal tampoco se acercaban mucho, por estar tan en la nada, no obstante, en la noche sagrada un monstruo no muerto especial sale, ¿sabes?
-¿No muerto?
-Sí. Un no muerto vestido de negro va por ahí atacando a los niños traviesos que vagan de noche y no hacen caso a sus padres. Latina, no hace falta que te asustes tanto.
Dale, que continuó con su historia, cambió su complexión al ver a Latina tan pálida, temblando, incapaz de emitir sonido alguno. No se imaginó que la típica historieta de: “si no te portas bien los apóstoles no vendrán pero sí lo harán los monstruos”, la fueran a asustar tanto.
-¡No pasa nada! Es verdad que aparecen monstruos, pero no entran en las casas que tienen los amuletos, así que mientras llegues a casa pronto el día de la noche sagrada y te portes bien, ¡no pasará nada!
-¿Los monstruos no vendrán a por Latina?
-Si vinieran a por ti, que eres una niña tan bueno, ¡entonces tendrían que aniquilar también a todos los niños de Kroix!
-¡¿Van a atacar a todos los de Kroix?!
-¡Eso no es lo que he dicho!
Y así, un miedo se grabó en el corazón de Latina en su primera noche sagrada desde que había llegado a Kroix.
El monstruo no muerto que aparecía sólo en la noche sagrada se llamaba Santanás negro del infierno, y rodeaba a los niños mientras recitaba de forma misteriosa: “Godi, Eria, Juu, Fuc, Kria, Juu”. Aunque la malicia que había amontonado durante el año era capaz de ir a por ciudades, su poder destructivo yacía en traumatizar niños y hacerles llorar además de ser una molestia para los amantes. Bastante aburrido. Como no causaba ninguna herida significativa directamente, al final, se le dejó en paz. Los altísimos de las ciudades llegaron a la conclusión que colgando un amuleto podían descansar en casa durante esa noche.
Y entonces, años más tarde, los niños – seres que hacen todo aquello que los adultos les dicen que no pueden – salieron a la aventura.
Se escabulleron porque querían echarle un vistazo al monstruo y, por tanto, el Santanás les rodeo. Cuando se dieron cuenta de su aparición escucharon un sonido raro, la cosa se plantó ante ellos como para bloquearles la luz y los niños acabaron acorralados en un callejón oscuro y sombrío.
Aunque se dice que no se puede ver la emoción de los monstruos no muertos, parecía que este se estaba divirtiendo persiguiendo a los niños asustados.
Latina los ojos llorosos. Siempre hacía caso a lo que Kenneth y Dale decían, y raramente les gastaba bromas o se revelaba en su contra, pero sintió que su deber era perseguir a Santanás con sus amigos.
Cuando los niños estuvieron hablando en clase de salir de noche y tener una gran aventura, Latina al principio, intentó detenerles, sin embargo, en poco tiempo se dio cuenta que era imposible pararles y pensó lo siguiente:
Se me da mejor protegerme que a mis amigos. Si mis amigos estuvieran en peligro en algún sitio, entonces…. Yo podría ser su escudo cuando llegue el momento…
Si los adultos hubiesen sabido el plan seguramente les habrían parado, ya que estaba repleto de fallos. No obstante, los niños no se percataron de ello y acabaron llevando a cabo el plan entusiasmados.
Mientras escapaban de la sombra, también empezaron a hablar sobre una contra medida.  Santanás parecía estar tomándose su tiempo para perseguir a los niños, pero ellos no se daban cuenta, pues lo hubiesen sabido seguramente se habrían horrorizado.
-¡¿Qué hacemos?!-Gritó Marcel.
-No hables tan alto o nos encontrará.-Dijo Rudi cuya apariencia también era horrible.
Anthony que se había quedado mudo, buscaba desesperadamente una solución. Latina se aferró con fuerza a la mano de Chloe y la miró con ojos llorosos.
-Os… ganaré tiempo… Chicos, corred.
-¿Latina?
-No puedo usar magia de purificación, pero sé un poco, así que intentaré que no vaya a por vosotros, así que quiero que vayáis al Ocelote. –Dijo Latina con una expresión determinada y astuta, y antes de que sus amigos pudieran pararla, saltó. –Oh, luz celestial, a ti te rezo. Por favor, concédeles a estas almas perdidas paz tranquila. Oh, luz celestial, a ti te rezo. Por favor, concédeles a estas almas perdidas paz tranquila.-Gritó desesperadamente.
Santanás se detuvo. No era suficientemente fuerte como para purificarle, pero el idioma de la raza Demonio era el mismo que el de los hechizos. Esgrimir fuerza mágica con la suficiente fuerza mantendría a distancia al espíritu.
-Somo, eacry inglit, tlegirl. Ye, sloli, noto, uchi.
Latina, que estaba en estado de frenesí, no notó que Santanás había cambiado su canto.
Chloe miró a Latina, se mordió el labio y salió corriendo.
-¡¿Chloe?! ¡¿Vas a dejar atrás a Latina?!
-¡Tengo que ir a buscar ayuda por el bien de Latina! ¡Tan rápido como pueda!-Dijo Chloe corriendo con todas sus fuerzas.
En el Ocelote Bailarín seguro que habría un montón de gente con la fuerza para acabar con el monstruo no muerto, tal y como había dicho Latina. No quería que se enfadaran con ella, pero ahora no era el momento de pensar en eso. Chloe, con todas sus fuerzas, desesperadamente, corrió.
Latina les temía a los monstruos. Sabía lo terrorífica y repulsiva que era esa cosa, y en esos momentos de enfrentamiento, intentó olvidarse de que sus pies no se movía como ella quería y de sus temblores.
Si fuese plenamente consciente de ello, querría huir y entonces, no podría seguir recitando la canción.
La figura de la joven belleza valerosa, gritando desesperadamente con los ojos llorosos. Su figura encantadora con la cara contraída por el miedo pero superando sus temores para cantar la canción… Era un cuento de desgracia para ella. No obstante, sus esfuerzos se vieron recompensados.
-¿Eres tú quién ha hecho llorar a mi Latina? ¿Eres tú quién ha hecho llorar a mi hija…?-Una voz grave resonó desde el infierno detrás de ella, señalizando el final.
Latina dejó de estar asustada al escuchar esa voz que contenía las ganas de matar y enfado, y la niña, aliviada, rompió a llorar.
-Dale.
-Latina… Chicos… No estaréis pensado que la cosa acaba aquí, ¿no? ¿Eh…?
La forma en la que consolaba a Latina, que se aferraba a él llorando, era dulce, sin embargo, su expresión y su voz abrumaba hasta a los no muertos.
Hervía de rabia.
Dale, abrumadoramente se acercó a Santanás que se preparaba para buscar una salida, era la definición del diablo.
El método para encargarse de los no muertos estaba, en esencia, limitado a la magia, y además, a la magia de tipo “sagrada” u “oscura”. Y, aunque existía una forma de encargarse de ellos mediante la protección divina, no era muy común.
El elemento “sagrado” guiaba al hereje, lo purificaba y le mostraba el verdadero camino. En otras palabras, parecía “salvar” las almas perdidas y funcionaba de forma totalmente opuesta al elemento de la “oscuridad”. El elemento de la “oscuridad”, capaz de usar hasta artes espirituales, exorcizaba al hereje mediante un ritual similar hacerle daño para curarles.
El único elemento que Dale podía usar para luchar contra el no muerto era el de la “oscuridad”, pero aunque se hubiese dado el caso de que tuviera también el “sagrado”, habría seguido usando el de la “oscuridad.
Dale hechizo sus puños con magia oscura. Básicamente, literalmente, iba a darle de hostias al no muerto. Cogiéndole, dándole puñetazos y acabando con él. En su rostro no había ni una pizca de compasión mientras se subía al no muerto y seguía golpeándole. Su rival era un monstruo, por lo que no necesitaba ser compasivo. Eso es lo que dijo al día siguiente con una sonrisa en su rostro.
Pum, pum, pum.
El sonido de los puños resonó por la noche.
La razón por la que Dale consiguió deshacerse del abrazo de Latina con tanta facilidad fue porque a su lado estaba Chloe. Hizo que ella y sus amigos se quedaran en el callejón. Era un callejón oscuro por lo que no sabían si otro monstruo aparecería por detrás para atacarles, pero pensando Latina que estaba debatiéndose con ella mismo, siguieron la orden al pie de la letra.
Kenneth, que esperaba en la calle principal, seguramente se encargaría de llevar a los amigos de Latina a casa, preparándoles para que sus familias les echaran bronca.
-Perdón, perdón…
Dale se rio amargamente al coger en brazos a la Latina que no dejaba de sollozar y empezaba a caminar.  También había planeado regañarla, pero antes de que pudiese hacerlo, ella ya sabía que había hecho algo malo y empezó a disculparse sin parar.
Además, en ese momento no estaba de humor para regañar a Latina, que seguramente había pasado mucho miedo.
-Estaba muy preocupado, me alegra que estés bien. No vuelvas a hacerlo, ¿vale?
-No lo volveré a hacer… Perdona, Dale. Perdón.
-¿Tenías miedo? Perdona por llegar tarde.
-Dale… Latina se arrepiente de ser una chica mala…
-No eres una chica mala… No pasa nada por ser traviesa de vez en cuando. Recuerda que la razón por la que me preocupo es porque me importas.
Además, Dale estaba verdaderamente aliviado de ver a Latina ser capaz de ser un poco egoísta y juguetona, porque siempre se portaba bien.
No quería que la niña se preocupase demasiado ni fuera cautelosa para encontrar un sitio al que pertenecer. Así era como los niños tenían que portarse.
Da igual cuán buen niño sea, los críos crecen cuando los adultos les regañan. Mientras no sea algo que no se pueda arreglar, el deber de un padre también es perdonar. No pasa nada por equivocarse mientras mejoren para la próxima.
Dale miró el cielo nocturno mientras caminaba. Al ver que su aliento creaba un bufo de aire, aceleró un poco. Sería horrible que Latina se resfriara.
-Kenneth ha hecho un pastel y un festín para celebrar la noche sagrada. No viniste a ayudar así que fuimos a buscarte porque nos pareció raro.
-Perdón…
-Bueno, a partir del año que viene, nos esforzaremos para que los apóstoles vengan a nuestra casa.
Rita les esperaba preocupada fuera del Ocelote Bailarín. Dale la saludó con la mano y se dirigió a ella mientras Latina se abrazaba a él con fuerza.
-Latina.
-¿Mmm?
-Gracias por estar este año. ¿El año que viene también te quedarás conmigo?
-Sí…
Los cristales de nieve, revoloteaban suavemente y cayeron sobre el cabello plateado.
-Gracias Dale.
Ambos miraron como la nieve empezó a caer y entonces, entraron al Ocelote Bailarín, donde les esperaban todos. Y así es como pasaron su noche sagrada. 



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