Capítulo 53: Contándoselo a la jovencita


Wendelgard era una Reki conocida por todas las tierras,  y había sido ella quién había invitado al sumo sacerdote de Ahmar, el dios amarillo, Cornelio Cacache al pueblo.
Él era una autoridad en el campo de la antropología cultural. Wendelgard decidió, tras escuchar que estaba interesado en la peculiar cultura de Tisroh, invitarle al pueblo. Normalmente, Tisroh no permitía que extraños fueran parte del clan – eso no significa que se negasen a aceptar gente a su clan – simplemente, los inmigrantes no eran bienvenidos.
Cornelio era un sacerdote bastante influente en el templo central de la capital. Wendelgard fue capaz de establecer contacto con el duque Eldishtett, la mayor autoridad en Raband, a través de Cornelio y del templo de Ahmar. Por el bien de ello, envió al hijo mayor de la familia líder, Dale.
Con la influencia de los reyes demonio incrementándose, además de que el séptimo señor demonio y el segundo señor demonio estaban fortaleciéndose cada día más, él era alguien que los poderosos anhelaban.
Alguien favorecido por los dioses – y no sólo por uno, sino que era alguien con numerosas protecciones divinas. Era el único ser capaz de herir al señor demonio, básicamente, era el único para ser lo que la gente llama: “héroe”. Raramente se llamaba a alguien “ser divino”, pero “héroe” no era un título limitado a una única persona y los que lo tenían no se limitaban a ser soldados para la batalla.
Para Raband, que deseaba luchar contra la amenaza de los señores demonio que amaban la guerra y poseían pensamientos peligrosos, un héroe con el poder de Dale era una necesidad irremplazable.
Dale tenía el poder sin lugar a dudas.
Su protección divina, otorgada por el dios naranja, Korumozei, funcionaba de lujo en batalla. Apenas usaba maná pues estaba mucho más conectado al dios que el resto del clan. Además, sobresalía en el manejo de las armas como cazador excelente que era.
Dale se dirigió a la cascada llevando a Latina de paseo. Latina recitó un hechizo mágico y una suave bola de luz, como su personalidad, empezó a flotar delante de ella. Ambos anduvieron lado a lado por el camino que iluminaba esa luz.
Por fin, llegaron al área de la cascada que estaba iluminada por linternas. La luz se reflejaba en la superficie del agua y miles de luces se reflejaban a su alrededor. Parecía de otro mundo.
-Guau…
-Están aquí porque York y Freeta han venido antes para la ceremonia.
La ceremonia final era el deber del marido y de la novia. Como Latina estuvo esperando en la mansión no pudo ir, pero Dale pensó que estaría bien que ella pudiera verlo. Delante de un pequeño templo de Korumozei, se habían ofrecido un montón de flores que era la prueba de las bendiciones que les habían otorgado.
-York… Será un buen jefe del clan seguro.
Latina miró a Dale, la compleja sombra que emitía la linterna se posó en su rostro, mostrando que la niña estaba perdida en algún pensamiento. En cuanto a su humor, sentía que quería hacerse adulta de un salto, Dale iba a revolverle el pelo un poco – pero en lugar de eso, lo tocó con gentileza para no destrozar el peinado de la ocasión especial.
Era cierto que Dale podía luchar, sin embargo, hasta entones, las únicas veces por las que Dale había tenía un arma entre las manos en su pueblo natal había sido sólo para cazar y proteger el pueblo de enemigos extranjeros. Jamás había usado un arma para acabar con la vida de una persona. Seguramente, si los demonios no fueran capaces de transformarse en todo tipo de animales no habría sido tan duro. Los seguidores de los señores demonio no parecían nada raro ni cuando se transformaban en demonios. A parte de los cuernos, la raza demonio, que había hecho una gran cantidad de demonios, no era muy distinta a nosotros, los humanos.
Dale no lamentaba haber peleado contra los seguidores del séptimo señor demonio que había invadido el país para iniciar un conflicto con la raza humana. Ni contra sus seguidores que se transformaron en seres tan grotescos que era difícil de creer que seguían vivos y que se alzaron y rogaron – aunque no fue capaz de entender sus palabras, sus gruñidos transmitían lo que querían decir – con tanto resentimiento que los que les quitaron la vida, incluso puede que les hicieran un favor.
No obstante, matar a una persona – el simple hecho de quitar una vida – había desgastado su corazón. La verdadera esencia de Dale era ser el líder del clan Tisroh, alguien que no escatimaría esfuerzos en progeter el clan. Por el bien de las cosas que debía proteger, era capaz de demostrar su fuerza.
En un país lejos del hogar que, representa, estaba protegiendo, a pesar de que le decían que era por el bien de su país, por el bien de la gente, lo único que hizo fue matar. Incluso aunque su pueblo natal estaba muy lejos y él no sentía que estuviera protegiendo nada, no podía escapar porque seguía queriendo protegerles.
Ni la fama ni las grandes sumas de dinero podían salvarle. No podía apoyarse en ello para mantener su corazón, sus creencias. Buscó una forma de acostumbrarse a matar matando sus emociones y aceptándolo simplemente como su trabajo. Pero esa decisión estrujaba su corazón, lo mataba.
Fue entonces, cuando conocía a la jovencita. Una jovencita a la que él había salvado. Observaba a ese débil y no fidedigno ser que parecía que en cualquier momento iba a romperse, crecer sano bajo su protección. Pareciendo tranquilo y aliviado entre sus brazos, sonriéndole felizmente – ese ser era alguien que tenía que proteger.
Era por el bien de alguien que no conocía, pero decidió luchar por ella. Era una ciudad que no conocía, pero para ella se había convertido un lugar en el que poder descansar. Dale recuperó la motivación necesaria para luchar al encontrar una clara persona a la que proteger.
Si era por el bien de su felicidad, entonces, lucharía.
A pesar de eso, era la niña quién le prestaba palabras para salvarle cuando sentía que su corazón estaba a punto de romperse. Mirando el camino, las palabras de ella le daban mucho poder para ser capaz de seguir con su engaño como: “padre”.
-Mi felicidad se la debo toda a Dale, ¿sabes?
Esas palabras suyas, esa sonrisa que le ofrecía, eran las cosas que le motivaban a él.
-Estoy bien.
Aunque muy pequeña, era la chica más amable. Dale rezaba porque creciera de esa forma, con ese bello corazón.
-Tú eres quién me salva a mí…
Al escuchar tales palabras, las enormes pupilas grises de ella parpadearon aturdidas.
Dale se preguntó si no pasaba nada por escupir unas cuantas palabras debiluchas de vez en cuando.  Poniendo al alcohol, que raramente bebía, como excusa, consideró que no pasaba nada.
-¿Dale?
-Latina, siempre dices que “te alegras de haberme conocido”; pero yo pienso lo mismo.
Dale se preguntó cómo sería en esos momentos si no la hubiese conocido. Se preguntó si sería capaz de sonreír.  Se preguntó si sería capaz de felicitar a su hermano apropiadamente. Se preguntó si habría perdido sus creencias por el lugar al que quería proteger.
-Me alegro de haberte conocido, Latina.
-Yo también me alegro, de haber conocido a Dale.
Él la abrazó a ella, que le sonreía con dulzura. Aunque era la misma distancia de siempre en la que podían sentir la temperatura del cuerpo del otro, él lo notó algo distinto.
-Latina está… feliz… de serle útil a Dale.
Al escuchar la suave voz de ella, él se preguntó qué tipo de adulta sería. Se preguntó si, algún día, sonreiría así de feliz al lado de otra persona que no fuera él.
Y hasta que ese día llegara, protegerla sin duda, sería el deber de un padre.
-Pero no voy a permitir que un imbécil cualquiera de la calle se case a mi Latina.
La abuela Wenn asintió.
-¡Si quiere a Latina, tendrá que vencerme! ¡No pienso perder!
La abuela Wenn volvió a asentir.
Dale volvió a la normalidad en un santiamén, regresó al banquete y se sentó. Bebía a un ritmo tan rápido con la abuela Wenn que Latina no tenía tiempo ni de verlo.
-Eh… ¿Estás bien?
-¡¿Estás preocupada por mí!? ¡Latina, eres tan amable…!-La cogió en brazos. Estaba claramente borracho.
-¡¿Eh?!
-¡Ah…! ¡Latina es tan buena chica… y tan mona! ¡No pienso permitirlo! ¡No dejaré que seas una novia!
A Dale no se le daba particularmente mal beber, pero tal y como era de esperar por beber con el estómago vacío a esa velocidad con la abuela Wenn, se había emborrachado completamente.
Latina sólo conocía al Dale que bebía vino diluido y no enloquecía, pero en esos momentos de crisis no sabía qué hacer. Era la primera vez que, de repente, la abrazaba y le frotaba la mejilla contra la suya.
-¡¿Eh…?!
A Latina se le escapó un ruido extraño, pero eso sólo hizo que los dos borrachos ante ella se pusieran todavía más felices.
-Latina, si quieres casarte, dímelo. Te encontraré a alguien bueno que acabe con el idiota de mi nieto.
-¡No! ¡Con tus conexiones encontrarías a alguien!
Sin embargo, como siempre, estaban riéndose.
Dale y Latina se sonrieron.


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