Capítulo 52: Pensamientos delante de la jovencita


El banquete que se llevó a cabo después de la ceremonia se convirtió en una fiesta, literalmente. Sin importar si eran viejos, jóvenes; hombres o mujeres, todo el mundo se relamía ante la montaña de comida y la atesorada botella de vino del jefe se abrió.
Magda y unas cuantas sirvientas estaban ocupadas trabajando. Latina, entre toda esa gente repleta de energía, estaba tranquilamente sentada al lado de la abuela Wendelgard, masticando la tarta de pescado que le habían dado cuando se percató de que Dale no estaba.
Miró a su derecha. La abuela Wenn le pegó un bocado a un trozo de carne asada a la hierba y engulló de la botella de vino hasta terminársela. La recién casada, Freeda, parecía borracha andando a bamboleos mientras York cuidaba de ella.
Miró a la izquierda. Conforme el vino entraba en sus cuerpos, la discusión que Randolf tenía con sus aldeanos estaba subiendo de tono lentamente. No obstante, el motivo de esa discusión era sobre si su primer nieto debía ser un chico o una chica, era una disputa ridícula.
Miró hacia adelante. Mucha gente estaba disfrutando del banquete. El plato que Magda estaba entrando en ese momento era el que Latina había ayudado a hacer. Ver a la gente contenta al comer el plato que había hecho la hizo feliz.
-¿Dale…?
Sin embargo, la niña se sintió extraordinariamente sola sin su presencia. La abuela Wenn notó de inmediato que Latina buscaba inquieta a Dale.
-¿Latina?
-¿Eh?
-Buscas al tonto de mi nieto, ¿no? Si vas a ir a buscarle, será mejor que vayas calentita.-Dijo la abuela Wenn dándole la estola que tenía cerca.
Latina pensó durante un momento, bajó la cabeza haciendo una reverencia, se envolvió en la estola y entonces, se movió entre las olas de gente para salir.
La brisa nocturna contra su rostro que sintió al salir de la mansión bajó el calor del entusiasmo de todo el mundo. El silencio lo envolvió todo, como si la vivacidad de dentro sólo fuera una mentira. En medio de todo, estaba Dale.
Latina sintió alivio conforme se acercó a él, preocupada porque estaba actuando diferente a lo normal.
-¿Dale…?
Al escuchar ese murmuro mientras miraba para arriba, empezó a sonreír como siempre.
-¿Qué pasa, Latina? Hace frío, vuelve adentro.
-Dale, tú eres el que me enseñó… que no está bien sonreír cuando no quieres, ¿no?
La sonrisa de él se mezcló con algo de amargura al escuchar las palabras que le tomaron por sorpresa.
-Estoy bien, Latina… Perdón por preocuparte.
-Dale, ¿te sientes solo…?
-Hoy es un día para celebrar… Es imposible que me sienta solo, ¿verdad?
Dale lo negó y la abrazó con fuerza.
Me pregunto si sería mejor si fuera más madura… Si así fuera, seguramente podría ayudar más a Dale…
Latina parpadeó cuando su visión empezó a nublarse al ponerse un poco triste. Deseó poder ser capaz de ayudarle, tal y como él siempre la ayudaba a ella. Pensó que si fuera más madura, no tendría que verle con una sonrisa tan dolorosa. A pesar de eso, pensó que al menos, podría abrazarle fuertemente, justo como cuando él la salvó.
-Sería genial… que pudiera crecer más rápido…
Dale sonrió amargamente, como siempre, al escuchar ese susurro.
-Creo que no pasaría nada si te tomarás tu tiempo para crecer, ¿sabes? No te esfuerces demasiado.
Dale, mientras le acariciaba la cabeza, notó que ella estaba a punto de romper a llorar. Su palma, que había estado acariciándola, se deslizó hasta su mejilla.
-Eres una niña… muy amable, Latina…
Dale jamás se hubiese imaginado que Latina podría ver a través de él. Cuando le preguntó si se sentía solo, se dio cuenta de que su sentimiento era algo similar.
Era la boda de su hermano, todos los aldeanos le habían felicitado, las voces habían rezado por la prosperidad de su clan… Pero, aun así, él no formaba parte de eso. Todo el mundo recordaba un tiempo que él no conocía. El tiempo en el que él no estaba ahí, en su pueblo natal. El tiempo seguía fluyendo y aunque no estuviera ahí, seguramente seguiría fluyendo. Él había sido consciente de que sería así y, aun así, los sentimientos de soledad seguían en su pecho.
Había creído que sería el heredero del clan desde que empezó a ser consciente de sus alrededores. La gente también le miraba con esa esperanza y así les trataba. Jamás habría esperado que existir por el clan era agonizante. Su padre, sus abuelos, y demás… Incluso el acto de cederle el sitio de jefe del flan a su hermano pequeño había sido por el bien del clan. Para proteger su clan, para proteger Tisroh, se había ido de allí, de su pueblo natal.
Escogió ese camino para tomar el nombre de “Reki” y proteger ese sitio desde el mundo exterior. Sin embargo, había veces en las que pensaba que si no tuviese ese poder, esa protección divina, entonces habría podido quedarse ahí; que quien se hubiese sentado en esa posición de próximo jefe del clan, habría sido él.
-Yo… simplemente he bebido un poco demasiado. ¿Por qué no damos un paseo para quitarme el alcohol del cuerpo?
-Vale…
En algún momento, cogerse de las manos al caminar se había vuelto algo natural. El hecho de que esa joven chiquilla se iba a quedar a su lado era lo más natural, tenía un valor incalculable.
Desde hacía mucho tiempo, los Señores de las tierras cercanas menospreciaban a Tisroh. Su clan entero respetaba su propia y peculiar cultura. Al principio, eso significaba que no pertenecían al país. A pesar de ello, la razón por la que nadie iba a deshacerse de ellos por ser rebeldes era, simplemente, por sus habilidad en ingeniería que eran extraordinarias y únicas.
Otros países también conocían la colonia llamada: “Tisroh”. En el pasado,  gente poderosa había querido esa tierra pero Tisroh se resistió y, al final, en una noche, todo el mundo del pueblo dio la retirada. No quedó nadie, convirtiéndolo en un pueblo vacío.
Lo más importante para el clan era el clan en sí. Por eso, abandonar la tierra terminó siendo una de sus opciones. La tierra que Tisroh había abandonado perdió su abundante protección divina y su incomparable suciedad fértil volvió a la normalidad poco después. La gente acabó teniendo que ir a vivir a una montaña distante y difícil de alcanzar.
Cuando Tisroh migró, no fue difícil establecer un pueblo nuevo. Después de todo, la magia de la tierra era extremadamente poderosa para los cultivos. Además, independientemente de qué tierra fuera, las técnicas de Tisroh contenían un valor productivo masivo. Sus técnicas mágicas, después de todo, eran similares a la gallina de los huevos de oro.
Aunque el señor de ese país hubiese rechazado a Tisroh, no importaba porque para los aldeanos de la región, Tisroh ya era más importante que un señor pues poseía una enorme cantidad de conocimientos y sabiduría, y con la cantidad de cosecha de su abundante tierra y sus reservas, en tiempos de crisis podían confinarse en medio de una guerra llena de calvarios e incluso alimentar a los vecinos. También tenía muchos magos con magia de la tierra, un atributo que podía usar magia curativa. Además, el clan se conocía bien las medicinas. Ya fuera una herida fatal o una enfermedad, ese clan tenía la habilidad de curarlo.  Las autoridades no tenían forma de acabar con Tisroh, así de poderoso era el clan.
Sin embargo, los que pertenecían al corazón del país encontraron molesto que hubieran echado a Tisroh de otro país. Los beneficios que los instrumentos mágicos de Tisroh le daban a Raband tampoco se podían ignorar, pues afectaban al comercio y los intercambios. Y si se declaraba que Tisroh, que había abandonado su tierra, volvería a ese otro país entonces, todos los beneficios que proporcionaba le pertenecerían. Una situación que querían evitar.
Lo mejor para la gente con la llave del poder era mantener el statu quo. Se trataba de una larga relación estable entre Tisroh, Raband y el Distro del señor, pero el señor que  había sucedido al anterior empezó a gobernar las regiones vecinas y nunca escondió su oposición a Tisroh, y así, empezó a hacer peligrar el equilibrio.
El objetivo era, la única merecedora de ser la jefa del clan de Tisroh: Wendelgard.


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