Capítulo 50: Todavía más rutina suave


La mayor diferencia entre las bestias salvajes y las bestias mágicas era si podían o no, usar magia.
A lo largo del tiempo, los animales salvajes que aprendieron a usar magia acabaron siendo dueños de una enorme cantidad de poder – Usaban la cantidad de poder para causar un fenómeno de magia del viento, se fortalecieron sus cuerpos con magia hasta que llegaron a no poderse ni comparar con la de las bestias normales – y como  empezaron a ocurrir fenómenos tan extraños y mágicos, las gentes empezaron a llamarles bestias mágicas, ya que creían que la causa de ello era la magia.  Y además, encima de todo eso, existían las bestias místicas que eran animales salvajes que no sólo poseían magia, sino también una gran inteligencia.
Se decía que habían formado sus propias sociedades con su propio idioma y cultura, e incluso se rumoreaba que algunos de ellos hasta entendían el idioma humano.
Una vez Dale se enfrentó a una bestia mística.
Las bestias místicas con su alto coeficiente intelectual se podían unir a los Demonios y no como criado, sino como una existencia a la que el Rey Demonio daba la bienvenida como lacayo. Sus habilidades estaban por encima de las de las bestias mágicas del mismo linaje.
Inconscientemente, Dale alargó la mano a la espada de su cadera. La criatura, posiblemente, se percatara de la reacción de Dale y su pelaje se levantó y entró en estado de intimidación. La tensa aura entre ambos lados siguió… hasta que Latina abrazó a la criatura y enterró su rostro en el pelaje.
-¿Qué pasa? ¿Te has enfadado? ¿Dale te ha hecho algo? Me disculpo.
-No… enfadado…-El estado de intimidación y la tensa aura se dispersó. La bestia mística había estado entre los brazos de Latina todo el tiempo.
-¿Latina?
-Perdona por salir a jugar sola por aquí… La abuela me dijo que este sitio era secreto… Pero Latina siente haber… venido…
Latina bajó la cabeza, cabizbaja y la bestia mística volvió a sacudir la cola enfadada.
-Molestar tú, ¿pegar?
-Dale sólo está preocupado por Latina. No me está molestando.
-Así que es cosa de esa vieja…-Dale suspiró profundamente y, de nuevo, volvió a mirar a la bestia en los brazos de Latina.
-Y pensar que había una bestia mística tan cerca del pueblo…
-¿No pasa mucho?-Latina inclinó la cabeza a un lado.
-Normalmente… Las bestias místicas no se acercan a sitios con humanos.
-¿De verdad?-Latina le miró todavía más confundida mientras inclinaba la cabeza a un lado.-Entonces, ¿cómo es que la familia de esta cosita vive cerca?
-¡¿Qu---?!
Esta vez fue Dale quién gritó de la sorpresa. Por dentro gritaba de furia y, por supuesto, a quién se la dirigía era a su abuela. Como si de un perro bien entrenado se tratara, la bestia Mística caminaba unos cuantos pasos por delante de Latina.
Latina, caminando al lado de Dale, empezó a revelar lo que había aprendido de la abuela Wenn.
-Me dijo que se llaman los Lobos del Altísimo, y que viven en manada.
-Una manada de bestias místicas… viviendo tan cerca del pueblo…
-La abuela dijo que era un secreto que se reservaba sólo para los jefes del clan. Tu padre también lo sabe.
-Papá…
-Dijo que York todavía es un aprendiz de jefe de clan, así que no se lo podía decir.
Por lo que especulaba a partir de lo que había dicho Latina, al parecer cada generación de los jefes del clan de Tisroh había hecho un trato con las bestias místicas que era no entrar en los territorios del otro.
Los Lobos del Altísimo tenían prohibido atacar el pueblo y ni entrar en él. Mientras que la gente de Tisroh tampoco podían adentrarse en las montañas donde yacía el territorio de los Lobos del Altísimo.
Los Lobos del Altísimo cazaban animales salvajes y bestias para comer que crecían en esas abundantes montañas. Seguramente era una forma efectiva de prevenir que las bestias mágicas atacaran Tisroh.
Su suposición se confirmó por el otro. Latina lo había llamado: “cachorro” y así parecía ser.
El Lobo del Altísimo ante Dale se había tumbado en toda su plenitud. La presencia que ejercía semejante carnívoro enorme seguramente haría que una persona de corazón débil se desmayara. Era una bestia tenaz con la flexibilidad de un tigre o león. Era imposible determinar cuán grandes llegaban a ser las alas que mantenía plegadas.
-Efectivamente. Nosotros, los Lobos del Altísimo, tenemos un contrato con Tisroh desde hace mucho tiempo. Mientras ninguna parte lo rompa, seguirá siendo efectivo. –La criatura habló con palabras humanas con una voz grave y solemne.
-Me pregunto qué clase de contrato hicieron las gentes de Tisroh.-Dale pensó en sus antecesores y llegó a una complicada conclusión en su mente. Jamás había oído hablar de algo así, de tener amenazadores bestias místicas de vecinos.
Había otra razón por la que Dlae no quería apartar la mirada de eso y se implicó en la situación actual.
-¿Aquí?
-Mmm…
-¿Y aquí?
-Ya veo, no está mal.
Esos Lobos del Altísimo, esas bestias místicas eran una extremadamente rara existencia capaz de ejercer un poder masivo. No obstante, esa criatura dejaba la espalda desprotegida y estaba relajada.
Al principio, había sido precavido con Dale a quien acababa de conocer y no se había comportado de esa forma. Pero entonces, cuando Latina sacó muchos cepillos de su sacó y empezó a cepillarle, lentamente se volvió así.
No, espera, ¡¿normalmente, no sería raro que una bestia mística dejara a alguien tocarle el cuerpo como si nada?!
La pregunta de Dale se quedó en su propio corazón.
Quizás fuera porque los lobos también son caninos, pero la escena de Latina cepillando la criatura mientras esta movía la cola y se colocaba para que le fuera más fácil a la niña cepillarla…
Un Lobo del Altísimo moviendo la cola… Un Lobo del Altísimo echado boca arriba…
Latina lo consiguió sin usar su poder, simplemente con sus propios talentos.
-Latina… Eres increíble…
-¿Eh?-Latina se dio la vuelta con apariencia curiosa y sudor en la frente.
Además, al parecer la criatura que Latina se había ganado era el líder de los Lobos del Altísimo.
Sin saberlo, la niña se había ganado un amigo con el poder suficiente como para destruir una ciudad.
-Esta niña es la más amigable del mundo.
Al que Latina sonreía y hablaba era el cachorro del líder de los Lobos del Altísimo. Aparte de sus orejas, cola y patas que eran de color negro, su pelaje gris era exactamente igual que el del líder.
-Su barriguita es la más suave, ¿sabes?-Dijo acurrucándose contra el estómago del enorme carnívoro. Él, que técnicamente era el líder de los Lobos del Altísimo, aceptó completamente las acciones directas de la jovencita.
En cierta manera, la reacción de Dale – mirando con ojos distantes, incapaz de aceptar la realidad – podría considerarse la normal. Y en su mente apareció la escena de su abuela organizando todo este espectáculo, con los brazos en jarras, riéndose a carcajadas al haber puesto a Latina ahí llegando a superar todas sus expectativas.
-Me gustan los animales, pero no me llevo bien del todo con los gatos, ¿sabes?-Dijo Latina de camino a casa mirando a Dale.-Me acerco e intento llevarme bien con ellos, pero siempre huyen.
-Ya veo…
-Me gusta acariciarles, ¿sabes? Son suaves.
-Ya… veo…
La escena de la jovencita jugando con los animales debería haber sido encantadora, pero cualquiera que se lo crea seguramente es anormal. Ir demasiado lejos no está bien, eso pensaba Dale que incluso entonces negaba la mitad de la verdad.
-Aunque ya me llevo bien con todos los perros de Tisroh.
-Ya veo…
Lo llevaba escuchando bastante tiempo pero el hecho de que la situación había sido un tanto distinta a la que había pensado, le hizo suspirar.
Latina, seguramente seguirá creciendo…
Aunque no era como él creía que sería, la chiquilla parecía tener potencial.
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