Capítulo 23: Gato de la suerte

En cuanto Wei Yang regresó a sus aposentos, Mo Zhu apareció con una sonrisa.
-San xiaojie, Lao furen la ha invitado a ir con ella.
Li Wei Yang sonrió. Movió los ojos un poco e, de inmediato, notó una sombra espiando detrás del árbol sicomoro del patio. Bai Zhi frunció el ceño pero no habló. Esa muchacha, Hua Mei, siempre la espiaba cómo un espíritu terco. Da furen fue quién la ofreció por lo que, si se deshicieran de ella, la gente podría empezar a decir que xiaojie estaba disgustada con Da furen. Pero, si la dejaban en paz, con el tiempo traería una calamidad.
Li Wei Yang pretendió no verla y se giró hacia Zi Yan.
-Bai Zhi y Mo Zhu vendrán conmigo. Tú te quedarás aquí.
Lao furen fue quién ofreció a Mo Zhu por lo que, obviamente, ella tenía que ir, pero Bai Zhi y la misma Zi Yang habían venido con la xiaojie desde Ping Cheng. Sin embargo, últimamente, xiaojie se llevaba muy bien con Bai Zhi. Zi Yan frunció el ceño tan sutilmente que era difícil de darse cuenta. Cuando notó que Wei Yang la miraba tranquilamente, de repente, se percató de algo.
-Xiaojie, vaya, por favor. Yo vigilaré los aposentos con sumo cuidado.
Con sus dos criadas, Li Wei Yang se dirigió a He Xiang Yuan. Acababa de llegar y habían hecho que abrieran las puertas. Se escuchaban risas de las mujeres nobles. Li Wei Yang parpadeó y entró rápidamente. En el recibidor estaban presentes Lao furen acompañada por otras furens y xiaojie. Todo el mundo parecía extremadamente alegre.
Li Wei Yang acababa de entrar cuando Li Zhang Le se levantó sonriente.
-San mei, mira. Nuestro Da ge no ha vuelto aún pero sí han llegado sus regalos.
Li Wei Yang siguió la mirada de Zhang Le y notó que todas las criadas habían desplegado brocados inacabables de seda y telas bordadas a mano de diferentes tipos en la mesa. El recibidor radiaba como el sol del ocaso provocando que los ojos de todas se nublaran.
La azafata, Sun niangzi, sonreía tanto que le habían desaparecido las orejas y dijo:
-Todo lo que ha enviado Da shaoye es de buena calidad. Lao furen, mire, esta es seda Jin Qiao de Yunzhou. El color es excepcional. Esto es un tejido de seda Yanzhi de Chengzhou. El color es claro y hermoso. Lo han teñido bien. Aparentemente,  la costurera es una experta en el campo. Además, hay seda Bi Jiangxia y Ziluo de Linzhou; seda Hayun hong, Luoxiu Jin y oropéndola de Nigzhou. Todas las niangniangs y nobles de palacio llevan ese tipo de materiales. ¡Esta escena marea y todo!
Da shaoye estudiaba y viajaba por el mundo exterior, era normal que visitase tantos lugares, no obstante, no enviaría tantos regalos sin motivo alguno. Estos regalos eran, obviamente, de otra persona usando el nombre de Da shaoye, para ganarse los favores de la finca del Primer Ministro.
No hizo falta adivinar de quién se trataba; Li Wei Yang ya lo sabía. Li Zhang Le bajó la mirada. Sus finos dedos acariciaron la seda brodada.
-A pesar de que las sedas de la Capital son bellas son exuberantes. Pero esta es distinta, es mucho más elegante.
Los ojos de todas estaban sobre Li Zhang Le. Su belleza sin igual hacía que el resto estuviera aturdido, como esas brocadas de seda bellas y magníficas, como si fuera una de las flores bordada sobre la seda. Era totalmente delicada, ingeniosa y admirable, por lo que era difícil mirar a otro lado. Pero ese tipo de belleza era como una aguja pinchando los ojos de Wei Yang que apartó la vista lentamente. Había gente en ese mundo que nacía con el amor y cariño de sus padres y con talentos incomparables e habilidades y la suerte de tener una belleza sin igual. Todo lo que tenía que hacer era mirar un poco y, sólo con eso, ya sería capaz de robar el esfuerzo de otra persona.
Lao furen dijo:
-Yo no uso este color, así que las jovencitas pueden llevarse lo que quieran.
Er xiaojie, Li Chang Ru, inmediatamente fue invadida por la felicidad mientras se levantaba, grácilmente, a darle las gracias antes de ir rápidamente a por sus telas. Quizás fue un accidente, o quizás fuera a propósito, pero sus manos se posaron sobre la tela que Li Zhang Le quería. Con una sonrisa falsa dijo:
-Da jie, me gusta mucho esta seda y hasta el color me sienta bien…
Li Zhang Le sonrió:
-Entonces, Er meimei debería cogerla.
Obviamente, Li Zhang Le no quería dar eso en particular pero quería aparentar ser generosa y amable. Li Wei Yang rio por lo bajo mientras bajaba la cabeza para beber té, pretendiendo no ver nada. Las manos de Li Zhang Le se detuvieron sobre la brillante seda Hayun Hong pero, a la vez, las manos de Li Chang Ru también lo hicieron. Y eso ocurrió tres veces. Aunque Li Zhang Le mantenía su compostura, la sonrisa de su rostro había desaparecido.
Er furen rio y dijo:
-A Da xiaojie siempre la han cuidado muy bien, pero tu meimei sigue siendo una niña. Lo encuentra todo nuevo así que deberías tolerarla un poco. A cambio, te regalaré un conjunto de joyas hechas con gemas.
Zhang Le tenía muchas joyas de gemas y pocas sedas tan difíciles de encontrar. Su rostro enrojeció un poco pero no les contestó a las señoras.
Li Wei Yang bajó la vista. Da shaoye fue quién había traído las telas, a pesar de que se suponía que eran para toda la familia, en realidad, todo lo que era de calidad era para Da furen y Li Zhang Le. No obstante, Er furen y Er xiaojie estaban siendo unas insensibles y desvergonzadas. En consecuencia, Li Zhang Le se enfadó pero tuvo que contenerse.
Da furen dijo como si nada:
-Zhang Le, sólo son telas. Si te gusta algo del montón, dile a tu Da ge que te traiga.-A pesar de hablar en tono casual, sus palabras se dijeron para presionar a Er furen.
La expresión de Er furen cambió mientras replicaba de inmediato. Dafang y Erfang estaban en guerra mientras tanto, San furen estaba sentado a un lado, sonriendo hasta que sus ojos se posaron en Li Wei Yang. Los Li tenían a Da xiaojie, conocida por ser como una diosa de la belleza, Er xiaojie de encantos deslumbrantes, Si xiaojie y Wu xiaojie, ambas adorables y monas, pero, en cuanto a Li Wei yang… Ella poseía un encanto único, individual. Justo en ese instante, Li Wei Yang alzó la vista y atrapó la mirada de San furen. Las dos intercambiaron una apariencia alegre. Hubo una comunicación especial y silenciosa entre ambas.
Después de que Li Wei Yang rescatara a San shaoye, ella y San furen habían desarrollado un secreto, un acuerdo implícito de ser aliadas. Esto era algo que Da furen desconocía. Todo lo que Da furen sabía era que sus dos mumus no habían tenido cuidado, cosa que había causado fallos. No se habían asegurado de comprobar que el cuerpo estaba sin vida antes de tirarlo. Creía que San shaoye tenía buena suerte y había sido capaz de escapar de la muerte pero no se percataba que había sido Wei Yang quién lo había salvado.
La habitación estaba llena de telas bellas y espléndidas. Era difícil no caer en la tentación. Hasta Si xiaojie, Li Chang Xiao, que normalmente era de mente simple no pudo evitar rebuscar entre las numerosas telas. Sólo Li Wei Yang permaneció en su asiento, sin moverse un ápice.
Lao furen alzó la voz de repente:
-Wei Yang, no te quedes ahí. Ves y escoge algunas que te gusten.
Li Wei Yang se levantó y dijo:
-Wei Yang se lo agradece a Lao furen.
Acababa de coger una tela dorada para examinarla cuando, súbitamente, una fuerte brisa entró desde afuera seguida de los gritos de una criada. Wei yang enseguida sintió que había algo afilado y curvado en sus zapatos. Se sorprendió e instintivamente dio unos pasos hacia atrás.
Era un gato arábico blanco. Uno de sus ojos era amarillo y el otro azul. La miraba con arrogancia.
Las delgadas manos de Li Zhang Le recogieron al gato.
-¿Te ha asustado, San mei? Es la gata de la suerte que Da ge me ha enviado. Mírala, ¿a qué es bonita?
Por supuesto que Li Wei Yang reconoció a esa gata en particular. En su vida anterior, había sido la mascota más adorada de Li Zhang Le. Había entrado a palacio con ella, no sólo era arrogante y orgullosa, una vez uso sus zarpas para arañar las pequeñas manitas de Yu Li y hacerlas sangrar.
Wei Yang nunca pudo olvidar cuando Li Zhang Le, abrazando a su gata, le dijo:
-San mei, a mi gata de la suerte le gusta tomar el sol en el jardín de flores pero no le gustan los desconocidos. Será mejor que vigiles al príncipe heredero y no le dejes acercarse demasiado a Yuhua Yuan.
Bajo las mangas, las manos de Li Wei Yang se cerraron en puños. Su sonrisa se engrandeció.
-¡Qué gata tan adorable, Da jie!
Conforme hablaba ya había planeado algo en su cabeza. 

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