Capítulo 22: Echándole leña al fuego

Los aposentos de Li Chang Xi rebosaban un profundo aroma. Li Wei Yang se sorprendió. Se quedó quieta en el marco de la puerta y observó con atención antes de entrar.
En el área común, Si yiniang, Zhou shi, reía y se levantó para recibir a la invitada antes de volverse a sentar en la silla de menor estatus. No se notaba su resentimiento. Mientras tanto, en el rostro de Li Chang Xiao, había una preocupación impronunciable pero no dijo nada, en silencio, se quedó de pie a un lado.
-No queda tiempo para San xiaojie hoy. Wu xiaojie se acaba de dormir.-Dijo Zhou shi con una sonrisa. Tenía ojos en forma de almendra que recordaban a un lago en primavera. Aunque era su madre biológica, delante de la gente, no tenía el derecho de llamar a las xiaojies por su nombre de pila.
“¿Se acaba de dormir?”, Li Wei Yang sonrió.
-No pasa nada, he venido a ver a Wu meimei. Lo que cuenta es la intención.
Sus ojos estudiaron a Zhou shi que vestía un vestido color miel. La parte de arriba del vestido tenía dos flores de lotus bordadas. No parecía una furen que había dado a luz a dos hijas. Era obvio por qué Li Xiao Ran la mimaba.
Al mismo tiempo, una criada había ido a la habitación de Li Chang Xi a decirle que Li Wei Yang estaba ahí para visitarla.
Li Chang Xi se levantó abruptamente y cogió un jarrón rosa de la mesa. Lo tiró al suelo.
-¡Piérdete! ¡Dile que se pierda, ya!-No podía erradicar el odio de su voz.
El jarrón se hizo añicos y el agua de dentro se derramó por todo el suelo. La voz resentida entró por las cortinas llegando a los oídos de todos. La expresión de Zhou shi, de inmediato, se convirtió en una de vergüenza. Li Chang Xiao se puso en pie, pero, rápidamente se percató que no había sido algo educado y, lentamente, se volvió a sentar. No podía esconder la ansiedad en su rostro.
Instintivamente, Zhou shi miró a Li Wei Yang. Notó que los ojos de la otra, claros y relucientes como olas de agua, también la miraban. Zhou shi se sorprendió. Cuando recuperó la compostura, la mirada de Li Wei Yang tenía una pizca de sonrisa. No había nada extraño en ello. Zhou shi concluyó que esa jovencita de trece años delante de ella no era tan simple como aparentaba.
Cualquier persona en esa situación se sentiría avergonzado, pero Li Wei Yang parecía no haber escuchado esas palabras amenazadoras, como si no hubiese oído el sonido del jarrón al romperse. Una de dos, o era demasiado estúpida como para darse cuenta de nada, o era alguien astuto cuyos pensamientos no se mostraban nunca. Zhou shi creyó que se trataba de lo segundo. Pero la hija de una concubina que había crecido en un pueblo, ¿cómo podía madurar hasta este punto?
La sonrisa de Li Wei Yang no se vio afectada en lo más mínimo.
-Si yiniang, antes, he olido una esencia especial pero familiar… ¿Te gusta la fragancia Xue Li?
“¿La fragancia Xue Li?”, Si yiniang estaba perpleja. Jamás había oído hablar de ese perfume.
Li Chang Xiao preguntó con curiosidad.
-¿Qué es eso?
-Aunque Ping Cheng no es tan próspero como la capital, hay muchas cosas nuevas e interesantes. Por ejemplo, la fragancia Xue Li. Se dice que el uso de esa fragancia mejora la complexión de la piel de las mujeres y mantiene la juventud.
Si yiniang frunció el ceño. No conocía esa fragancia y jamás la había albergado. ¿Qué pretendía decir Li Wei Yang con eso?
Li Wei Yang continuó.
-La fragancia Xue Li puede que sea buena pero no es para todo el mundo, porque entre sus ingredientes hay uno llamado Tian Zhi. Si quien usa la fragancia tiene alguna cicatriz en la piel o herida, la piel no podrá sanar como debe ser y, en lugar de eso, se pudrirá. Por suerte, Si yiniang no tiene ninguna herida, ¿no?
Al escuchar la explicación, el rostro de Zhou Shi empalideció. Los ojos de Li Chang Xiao se abrieron como platos.
-San jie, ¿lo que has dicho es verdad?
Li Wei Yang asintió.
-Por supuesto. Xue Li tiene una esencia única. La reconozco por Mo yiniang, es la yiniang favorita del tío. Me entró la curiosidad y le pregunté sobre ella.
Este tío, era el hermano pequeño de padre y era el jefe de la casa en Ping Cheng donde Li Wei Yang había estado viviendo temporalmente. Mo yiniang era una hermosa concubina que tenía que había venido de un burdel. Tenía más de cuarenta años pero había cuidado con esmero su piel, por lo que aparentaba ser una chica de dieciocho. Era bastante increíble. El hecho de que el tío Li estaba locamente enamorado de esa yiniang era conocido y contado por aquellos que visitaban Ping Cheng.
La fragancia Xue Li era uno de los muchos métodos que Mo yiniang usaba en su rutina de cuidado dermatológico. Lo malo de esa fragancia es que su uso prolongado causa infertilidad, y lo segundo malo es que parará el proceso de sanación natural de las heridas. Las cicatrices no harán costra y se pudrirán. Una jovencita noble no se atrevería a tocar algo tan maldito pero muchas trabajadoras de burdeles solían usarlo para atraer a hombres.
Li Wei Yang sabía qué pasaba, pero hizo ver que no.
-Si yiniang, ¿qué pasa?
Las manos de Zhou shi estaban cerradas en puños, escondidas en las largas mangas. No podía contenerse y sus uñas se clavaron profundamente en sus palmas. La fragancia de la habitación se suponía que era un ungüento de Yu Rong que Da furen le había regalado. Le había dicho que el ungüento ayudaría a sanar las heridas de Chang Xi. ¿Quién iba a imaginarse que era, en realidad, algo tan malévolo y sucio?
Li Wei yang echó un vistazo más allá de las cortinas. Mirando a hurtadillas desde detrás de las cortinas había una hermosa cara con la barbilla delgada, cicatrices horripilantes en la cara y apariencia sorprendida. La joven señorita de repente, se percató que la habían descubierto y se dio la vuelta para marcharse. Cuando se dio la vuelta la esquina de su vestido se levantó. Las cortinas se movieron y los rubíes de estas hicieron ruido. Un hilo de rubí cayó al suelo y trocitos de rubí se esparcieron por todo el suelo.
Li Wei Yang miró como un rubí rodaba hasta sus pies. Entonces, levantó la cabeza y miró la cara aterrorizada de Si yiniang. Se levantó, hizo una mueca y se despidió.
Cuando se alejaban de Shuang Yue Ge, Zi Yan seguía sin entender nada.
-San xiaojie, ¿por qué hay fragancia Xue Li en los aposentos de Wu xiaojie? Todo el mundo ha dicho que por usarlo tanto tiempo, Mo yiniang se quedó infértil y no puede tener hijos. Wu xiaojie todavía no está casada…-Preguntó curiosa, pero cuando llegó a ese punto, pareció darse cuenta de algo. Inmediatamente, dejó de hablar con una expresión de miedo y pánico.
-Hay algunas cosas que sólo necesitan ser vistas. Deberías pretender ser sorda y muda, ¿me oyes?-Li Wei Yang cesó sus pasos y miró a Zi Yan.
-Entendido.-Zi Yan bajó la cabeza pero sus dedos siguieron temblando.
Bai Zhi suspiró para sí. La finca del Primer Ministro, en comparación con la mansión de los Li en Ping Cheng, era mucho más terrorífica.
Li Wei Yang levantó la esquina de su boca mientras se daba la vuelta mirando a Shuang Yue Ge.
Da furen quería, obviamente, que Si yiniang y sus hijas la odiasen, por eso les había enviado a propósito tal fragancia. Primero, quería que Li Chang Xi no se curase jamás de la herida, por lo que la niña la odiaría, hecho que también traumatizaría a Zhou shi. Después, quería que Li Chang Xi caminase por ahí con la cicatriz para que todo el mundo supiera que Wu xiaojie había sido atacada por Li Wei Yang. Y luego, aunque Li Chang Xi, consiguiese un buen matrimonio, a causa de su posición como hija de concubina del Primer Ministro, seguiría siendo una concubina con la cara destrozada que jamás tendría un hijo. De esta forma, tendría que escuchar y obedecer cada palabra de su familia materna, en otras palabras, de Da furen.
Era matar tres pájaros de un tiro.
Por desgracia, Da furen podía ser malvada pero estaba haciendo más de lo que debería. Esta vez, Li Chang Xi podría ser estúpida, pero su madre no lo era. Li Wei Yang pensó que tendría que decir mucho más para hacer que Si yiniang entendiese que ocurría, pero gracias al cielo, la fragancia Xue Li de Da furen la había ayudado. Da furen quería lavarse las manos en el asunto y mirar la pelea, pero todavía no sabía que se había tirado piedras a su propio tejado.
Li Wei Yang inclinó la cabeza hacia atrás mientras el brillante sol le tocaba sus largas pestañas… 

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