Capítulo 8: Madre cariñosa, hija filial


El antiguo Primer Ministro, Li Chang Sheng, había muerto con mediana edad. Su esposa, Mengshi, se había angustiado tanto que había abandonado la corte y se había mudado al campo para recuperarse. Temía que la corte le recordase su difunto marido así que decidió mudarse a He Xiang Yuan, que era el lugar más alejado de la corte. He Xiang Yuan estaba muy aislado, y por tanto, raramente preguntaba sobre los asuntos internos de la finca.
Su abuela paterna, Meng Shi, era bastante retraída y una mujer de pocas palabras. Raramente socializaba con otras personas. Pesé a ello, era justa a la hora de encargarse de las cosas. Jamás acusó injustamente ni maltrató a nadie. Por esa razón, Li Wei Yang siempre le profesó buenos sentimientos. Desafortunadamente, en su vida anterior, la salud de Lao Furen era tan mala que murió mucho antes de que Li Wei Yang se convirtiera en Emperatriz.
En la habitación, Mengshi se sentaba en el medio, con una túnica de seda turquesa con cinco bordados. En la cabeza tenía una piel de visón con una jade en el medio. Ante los gráciles movimientos de Li Wei Yang, la mujer asintió ligeramente y simplemente dijo:
-Me alegro de que hayas vuelto.
Por alguna razón, al escuchar esa frase, los ojos de Li Wei Yang enrojecieron. Todo el mundo lo vio y sintió, de repente, una oleada de emociones. Una mujer en un vestido xiangzhou de seda color miel y el cuello redondo y un broche en forma de fénix dorado en el pelo, rio suavemente y se acercó a Li Wei Yang. La ayudó a levantarse y la estudió de pies a cabeza. Entonces, sonrió y dijo:
-Lao Furen, mira. ¡Qué buenos modales!-Miró a Da Furen[1] que estaba sentada al otro lado.-Felicidades, cuñada. Has conseguido otra hermosa joya como hija.
Da Furen, Jiang shi, soltó una risita pero en sus ojos no había ni rastro de humor. Estudió cuidadosamente el rostro de Li Wei Yang y dijo:
-Sí que es una niña bien educada. Ven aquí y déjame mirarte mejor.
Li Wei Yang miró de soslayo hacia arriba con la esquina de sus ojos, pero siguió con una sonrisa alegre en su cara. Su semblante era respetuoso y obediente. Caminó grácilmente por el lado de la segunda nuera, Wen shi, quien la había ayudado a levantarse antes. Caminó hacia Jiang shi solemne e hizo una suave reverencia.
-Madre.
Jiang shi la miró con afecto y cariño.
-Dicen que el fengshui de Ping Cheng es muy bueno, tanto que puedo ayudar a convertir a una persona en alguien con talento. Cuando naciste, eras tan pequeña como un gatito. Ni tu cuerpo ni tu salud estaban bien pero, ahora, pareces mucho más sana. ¡Es un buen resultado frente a la adversidad!
¿Buen fengshui? ¿Convertir a una persona en alguien excepcional? Li Wei Yang rio fríamente para sus adentros. Tan sólo la habían convertido en casi la misma parca, pero esa persona se atrevía a decir que le había dado frente a la adversidad. Esa insensibilidad no era normal en absoluto.
Sonrió amablemente.
-Lo que madre ha dicho es cierto. Es porque durante todos estos años, Wei Yang ha recibido de tu amor y preocupación.
Con esas palabras, a los ojos de las demás, Li Wei Yang sería visto como una persona que sabía comportarse. Si se quejase a Lao Furen en ese momento de que habían abusado de ella, Lao Furen, simplemente, habría regañado a Da Furen con unas pocas palabras. Entonces, Da Furen, castigaría y culparía a las sirvientas y criadas. Al final, no afectaría a Da Furen para nada, pero Li Wei Yang acabaría dejando la impresión de ser alguien ignorante.
Así que cuando Li Wei Yang dijo tales palabras, Jiang shi estaba impresionada y sonrió. Cogió la mano de Wei Yang y dijo:
-Me alegro que entiendas mis buenas intenciones. Ahora que has vuelto, deberías pasar más tiempo con tus hermanas. Si te hace falta algo, ven y dímelo.
La tercera hijastra, Zhou shi, observó esta escena en silencio, sin mediar palabra. Por otro lado, Wen shi sonría mofándose. Desde el principio hasta el final, Lao Furen no había mostrado expresión alguna mientras toqueteaba las perlas budistas mala en su mano.
-Wei Yang seguirá las palabras de madre sin duda. Pasaré más tiempo con… mis hermanas.
A los ojos del resto, la cara de Li Wei Yang se había vuelto rosa y parecía muy conforme.
Da Furen echó un vistazo a Zi Yan y Bai Zhi que estaban detrás de Wei Yang. Asintió y dijo:
-No me parece correcto que sólo tengas dos criadas. Hua Mei, desde ahora seguirás a San xiaojie y la cuidarás.
Una criada pequeñita con un par de ojos de fénix dio un paso adelante y saludó a Li Wei Yang con respeto.
-Ya has crecido, así que con dos criadas de primer rango es suficiente. Desde ahora se te asignará otra. Después de año nuevo, te darán otra. Ya he preparado a todas las sirvientas de segundo rango para ti. Y en cuanto a las sirvientas de tercer rango… Todavía están en proceso de elección.-Da Furen parecía una madre sincera y benevolente mientras hablaba.
Li Wei Yang sonrió agradecida. Sabía que en ese momento no sólo la estaba juzgando Da Furen, sino que Meng shi, Wen shi y Zhou shi también lo hacían. La estaban estudiando y juzgando. En esa familia, padre era el Primer Ministro y Da Furen Jiang shi era la persona oficial al mando de administrar los asuntos interiores de la finca. Sin embargo, en estos últimos años, Erfang y Dafang acabaron en una lucha fría y además, también estaba Sanfang…
Para alguien que acababa de llegar como ella, lo más importante era tener un fuerte apoyo. Da Furen la miró, frunció el ceño y dijo.
-Niña, ¿por qué vas vestida con ropa tan fina?-Entonces, movió la mano.-Traed la capa que he preparado.-Delante de todo el mundo, sonrió y envolvió, personalmente, a Li Wei Yang con la capa.
La capa era fina pero cálida. En la seda rosada de la capa había un patrón hecho con puntos de una peonia que estaba cosida con hilo dorado. Además, también tenía dibujos hechos con hilo negro. El interior de la capa estaba hecha de piel blanca haciéndola muy cálida y suave. No obstante, cuando Li Wei Yang la tocó, inmediatamente supo que la capa era vieja y ya la habían usado mucho. Da Furen quería, sin lugar a dudas, enfatizar su dignidad y magnanimidad delante de todo el mundo, así que había rebuscado en su armario y encontrado la capa, una capa de segunda mano para parecer benevolente y cariñosa.
Wei Yang dijo:
-Gracias, madre.
Justo entonces, alguien entró para pasarle un mensaje a Jiang shi.
-A Da Furen y Yu Shi Furen les han regalado cinco rollos de seda de Liu Yun Ge de Ning Zhou. Deberíais echarle un vistazo.
Da Furen asintió y sonrió felizmente. Dijo:
-Lao Furen, tengo que retirarme. Hay unas cuantas cosas de las que debo ocuparme. Wei Yang, cuando acabe, te llevaré con tu padre.
Li Wei Yang se apresuró a contestar:
-Sí, madre. Por favor, no te preocupes.
Las perlas en las manos de Meng Shi se movieron sutilmente mientras ella, simplemente, asentía con la cabeza. Da Furen se dio prisa en irse. En cuanto se marchó, Erfang y Sanfang también lo hicieron. Erfang Wen miró a Li Wei Yang con decepción. Había pensado que iba a ver a la hija de la concubina culpar a Jiang shi pero, al parecer, Li Wei Yang era una mera cobarde. Había pasado por muchas penas y abusos y, aun así, no había tenido el valor de decirlo.
Cuando las tres Furens se marcharon, todo se sumió en la calma y el silencio.
Meng shi miró a Li Wei Yang y sus rasgos delicados. Por alguna razón, de repente, suspiró y le dijo a Luo mama a su lado.
-Llevadla fuera.
Li Wei Yang se arrodilló en el suelo fervientemente delante de Meng shi. Después de eso, siguió a Luo mama. Mientras Luo mama dirigía a Li Wei Yang al pabellón, escuchó abruptamente a Li Wei Yang gritar. Detuvo sus pasos.
-San xiaojie, ¿qué ocurre?
Li Wei Yang sacudió la cabeza, pero en su rostro tenía una expresión extraña. Como si, sin pensarlo, se hubiese tocado la parte trasera del cuello. Luo mama no dijo nada más y volvió a caminar, pero fue más despacio a propósito. Echó una ojeada a la parte trasera del cuello de Li Wei Yang y notó unos puntos rojos, similares a heridas de aguja. También rezumaba sangre. Luo mama se petrificó.
Li Wei Yang parecía estar soportándolo lo mejor que podía, pero ya empezaban a aparecerle las primeras lágrimas. Luo mama no pudo aguantarlo más. Sonriendo dijo:
-San xiaojie, esta capa es preciosa. Últimamente Lao Furen había querido una parecida. ¿Podría prestarme la capa dos días para que pueda estudiar el bordado?
Los bordados que Lau Taitai llevaba eran, definitivamente, distintos en color y apariencia que los que ella llevaba. Li Wei Yang entendió de inmediato el significado oculto tras esa fingida ignorancia. Se quitó la capa obedientemente y se la dio a Luo mama. Cuando esta la cogió, ya fuera por accidente o a propósito, pasó los dedos por la piel de visón de dentro de la capa. La expresión de Luo mama cambió.
-Luo mama, ¿qué ocurre?-Preguntó inocentemente Li Wei Yang.
Luo mama miró al montón de sirvientes que las rodeaban. La sonrisa de su rostro no desapareció.
-Nada. San xiaojie debería ir a familiarizarse con la nueva residencia. Tengo que volver con Lao Furen.
Li Wei Yang miró la capa que Luo mama tenía entre sus manos. Sonrió con dulzura y dijo:
-Sí, Luo mama, deberías darte prisa.



[1] Furen (夫人) es una forma respetuosa de dirigirse a una mujer casada. Se suele traducir como: “señora”, pero he preferido dejarlo tal cual porque la traducción castellana no me parece que acate el significado en toda su plenitud. 

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